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Tentado en todo pero sin pecado

Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.

Hebreos 4: 15

En los planes celestiales se tomó la decisión de que Jesucristo, el hijo de Dios, viniera a este mundo para morir por los culpables. Voluntariamente, Jesús aceptó el increíble cometido.

Jesús vino a este planeta por dos asuntos muy importantes. Primero, para vindicar el nombre de Dios, Satanás había argumentado que Dios era arbitrario al imponer un gobierno y leyes autoritarias y Jesús demostró que su gobierno era uno de amor y que sus leyes eran justas para bienestar del hombre.

Segundo, para salvar a la raza humana vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. En este sentido, Jesús vino a esta tierra a nacer, vivir, morir y resucitar en favor del hombre. Este será el punto clave en esta reflexión.

La ley de Dios, siendo santa, justa y buena, no puede ser cumplida ni obedecida por el ser humano. El apóstol Pablo dice que, aunque el ser humano quiere hacer lo bueno, no puede, y esto es por una simple razón: los humanos viven en un estado constante de pecaminosidad.

Jesús era santo y perfecto. En su boca no fue hallada mentira y vivió una vida de perfecta obediencia a la ley de Dios. Esta obediencia la puso a favor del hombre como una vida vicaria; en otras palabras, vivió por ti y por mí para salvarnos.

La Escritura dice que Jesús fue tentado en todo, pero no cometió pecado, él mismo dijo: «Viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí» (Juan 14: 30). ¿Puedes comprender esto?

El Señor no cometió una sola falta ni por actos ni por palabras ni por pensamientos. Solo así podía salvar al hombre bajo una perfecta obediencia. Vivió para garantizar la salvación de todos. Ahora el señor Jesús te llama.

Él es para ti el único camino; no existe otra opción de salvación, solo es él. No tienes que pensar que tu caso es desesperado porque ya hizo todo por ti. La parte que te toca es aceptar de manera voluntaria esa salvación tan grande, porque Jesús vivió por ti y no cometió un solo pecado para poder salvarte.

¿Cómo se podría despreciar una salvación tan grande? Hoy el Señor te llama, así que no tardes. No existe tentación tan grande que no te pueda ayudar ni pecado tan negro que no pueda perdonar. Ven a Jesús, porque todo es por su gracia.