Porque al que tiene, se le dará más, y tendrá de sobra; pero al que no tiene, hasta lo poco que tiene, se le quitará.
Mateo 25: 29
Franklin E. Belden fue un prolífico compositor de himnos conocido por sus contribuciones a la música en los primeros años de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Nacido en 1858, Belden comenzó a escribir música desde su adolescencia.
Tenía la asombrosa capacidad de componer música y letra rápidamente, lo que le permitía escribir un canto para adaptarse a un sermón mientras aún se estaba predicando.
Belden fue uno de los compositores más prolíficos de himnos de la Iglesia adventista, componiendo piezas que se convirtieron en parte integral de los servicios religiosos y eventos de su iglesia.
Su habilidad para crear música que complementara los sermones y las enseñanzas de la iglesia fue muy valorada y dejó un impacto duradero en la música adventista. Uno de los himnos de Belden es Canto el gran amor, el núm. 107 del Himnario adventista.
Con todo, en sus últimos años surgieron desacuerdos con el liderazgo de la iglesia sobre sus regalías. Aparentemente, Belden sentía que no estaba recibiendo una compensación justa por su trabajo. Elena G. de White, quien era tía de Belden, como figura de autoridad en la iglesia, intervino en el conflicto.
Ella aconsejó tanto a Belden como a los líderes de la iglesia sobre cómo manejar la situación y lograr una resolución justa y equitativa. Sin embargo, a pesar de su mediación, la controversia no se resolvió de manera satisfactoria.
Belden menospreció el consejo de Elena de White, se distanció de la iglesia y dejó de componer para ella. Entonces, la señora White le dijo que, así como Dios le había dado ese talento, fácilmente se lo podía quitar si dejaba de usarlo para glorificar al Señor.
Algún tiempo después, durante un concierto al que concurrió mucha gente, al sentarse al piano, de repente, Belden perdió toda noción musical. Cuando quiso tocar, lo hizo como un niño de cinco años, lo que lo avergonzó terriblemente.
Como dice nuestra lectura de hoy, aun lo que tenía le fue quitado. Los pastores Kenneth H. Wood y Carlyle B. Haynes visitaron a Belden poco antes de su muerte en 1945.
Al inicio, Belden no quería recibirlos, pero cambió de opinión y los dejó entrar. Antes de irse, Wood y Haynes le preguntaron si podían ofrecer una breve oración. Belden respondió: «No, mientras ustedes crean en esa anciana», refiriéndose a los escritos de Elena G. de White.
¿Qué será peor: perder lo que Dios nos dio o guardar rencor de por vida?

