Olvidaste al Dios que te salvó, no recordaste que él es tu refugio seguro. Tú cultivas esos jardines agradables […]. Pero cuando vengan la enfermedad y el mal incurable, se perderá la cosecha, Isaías 17: 10, 11.
Los primeros colonos del Nuevo Mundo descubrieron y experimentaron con todo tipo de plantas, en busca de especias para sazonar la comida. Por desgracia, algunas de las plantas que probaron de seguro los envenenaron.
En general, creemos que la mayoría de las especias que consumimos proviene de hojas secas trituradas y embotelladas. Pero esto no siempre es así. Algunas semillas y nueces también se usan como especias. El comino, el anís, el cilantro y el eneldo son cuatro semillas o frutos de especias. También se usan las hojas del eneldo. Muchas especias provienen de las regiones tropicales, sobre todo de islas. El clavo y la nuez moscada son de las Molucas, Indonesia; durante muchos años fueron conocidas como las «islas de las
Especias».
El clavo se hace de los botones de un árbol de eucalipto de la familia del mirto. La nuez moscada se elabora a partir de una nuez dura, y el macis se obtiene de la cubierta hecha polvo de esa nuez. La canela se elabora con la corteza interior de su árbol. El
jengibre está hecho del rizoma de una hierba tropical.
Durante muchos años, los médicos han usado hierbas para tratar de expulsar una enfermedad de una persona. Me pregunto cómo supieron para qué sirve cada hierba. No hay duda de que existe una
sabiduría ancestral, que ha pasado de generación en generación, y que cada vez se ha ido ampliando y profundizando más. Gracias a Dios, nosotros vivimos en una época en que la medicina está muy
avanzada. Dios es el mayor sabio que este mundo jamás conocerá. Planeó todo y lo sabe todo. Él puede responder todas nuestras preguntas. Agradécele en esta mañana porque es el Dios omnisapiente que te escucha.
Lecturas devocionales para Menores 2018
Un Planeta Increíble – Charles C. Case

