«No dejaré que las plagas destruyan sus cosechas y sus viñedos».
Malaquías 3:11
—Qué bueno es que al leer la Biblia -dijo el papá-, encontramos mensajes de esperanza para cuando estamos pasando por algún momento difícil. Eso le ocurrió a la familia Gutiérrez, como lo comenta el libro Cuéntame una historia, el tomo 4. Esa familia tenía una huerta de tomates y esperaba que produjeran mucho para recuperar la inversión y tener dinero suficiente para solventar algunos gastos.
Un día el señor Gutiérrez se preocupó mucho porque vio que había muchas orugas entre las plantas, así que fue rápido a decírselo a su esposa y toda la familia vino para comprobar que así era. Se pusieron muy tristes porque necesitaban el dinero, y no disponían de otro recurso más que ese. Entonces recordaron el texto de hoy, donde Dios promete que protegería las cosechas.
Una de las hijas sugirió que oraran, reclamando esa hermosa promesa. La hija fue a la casa por su Biblia, la abrió, empezó a leer el texto y todos escucharon atentos. Luego se arrodillaron, oraron y suplicaron a Dios que cumpliera su promesa; sabían que eran fieles en los diezmos y ofrendas, por lo tanto, reclamaron la promesa que Dios había hecho. Al terminar de orar sucedió algo asombroso.
-¿Qué pasó? —preguntó curioso Mateo.
—Apareció un mirlo —continuó el papá-, después otro, otro y otro. Realmente no se podían contar. Empezaron a comerse las orugas ante el asombro de la familia. Los mirlos permanecieron allí un buen rato hasta que se comieron todos los insectos, y después emprendieron el vuelo.
-Dios cumplió su promesa! -exclamó Susana.
-Dios cumple sus promesas; hay que leer la Biblia para conocerlas y confiar en que se cumplen —finalizó el papá.
Tu oración:
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¿Sabías que?
Ester 8:9 consta de ochenta palabras y es más extenso que el Salmo 117.

