«Allí nació su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales y lo acostó en el establo, porque no había alojamiento para ellos en el mesón».
Lucas 2:7
-El emperador Augusto no se dio cuenta de que estaba siendo instrumento de Dios para cumplir la profecía de que Jesús nacería en Belén -dijo la mamá a los niños—. Al recibir la orden de censarse, todos tuvieron que obedecerla, y aunque era muy incómodo para María tuvo que realizar ese viaje. Cuando llegaron a Belén, creyeron que podían encontrar un buen lugar para descansar, pero todo estaba ocupado.
Habían llegado muchas personas a esa pequeña población y no había alojamiento suficiente.
-¡Pobre María! ¿Y ahora qué iban a hacer? -exclamó Mateo.
-Una persona les ofreció un lugar donde descansar, que en realidad era un establo para los animales.
-¿No tenían familiares que les dieran hospedaje? —preguntó Susana.
-Me imagino que no, pero no lo sabemos —respondió la mamá-.
¿Qué podían hacer ante tales circunstancias? José estaba preocupado por tratar de proveerle lo mejor a su esposa, y ella estaba cansada por el viaje tan largo y agotador.
Esa experiencia era penosa, sin embargo, se sintieron contentos ante lo que les ofrecían, pues sería peor dormir en la calle; así que entraron en el establo contentos. Imagino que José arregló lo mejor que pudo un lugar para que María descansara, y allí fue donde Jesús vino al mundo, sin ninguna comodidad, ni lujo, ni atención especial. Así nació el Rey del cielo.
-¡Un Rey naciendo en un establo! -exclamó Mateo.
-Pero no un rey cualquiera, sino el Hijo de Dios. No hubo lugar para ellos en el mesón, pero nosotros debemos ofrecerle el mejor lugar en nuestro corazón a Jesús -concluyó la mamá.
Tu oración:
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¿Sabías qué?
Miqueas 5:2 anunciaba que Jesús nacería en Belén.

