«El niño crecía y se hacía más fuerte, estaba lleno de sabiduría y gozaba del favor de Dios».
Lucas 2:40
-Jesús también fue niño, como ustedes. Su niñez la pasó en la pequeña aldea de Nazaret -comenzó la mamá-, en un hogar humilde. ¡Qué privilegio tuvo María de criar al niño Jesús! Educar a un niño no es fácil, pero educar al Hijo de Dios, solo lo pudo lograr con la ayuda del Espíritu Santo.
-¿Jesús fue a la escuela? -preguntó Mateo.
-No -respondió la mamá-, Jesús no fue a la escuela donde enseñaban los sacerdotes a los niños varones, porque estos se enfocaban más en la enseñanza de tradiciones que de la Palabra de Dios. María, su madre, fue su maestra. Le enseñó a leer las Sagradas Escrituras; por el Espíritu Santo recibió sabiduría para poder educar a Jesús.
Al verlo crecer, veía con agrado cómo se iba desarrollando. El niño Jesús 266 se distinguía por su sabiduría. Siempre le gustó ayudar a los demás y hacer el bien, era muy servicial. Aprendió desde pequeño a ser trabajador, y fue un buen ayudante de su padre en la carpintería.
-Me hubiera gustado conocerlo de niño -comentó Susana.
-A mí también -afirmó Mateo.
-Era un niño modelo -aseguró la mamá—, su forma de hablar lo caracterizaba, pues jamás dijo una mentira; sus acciones fueron correctas, era paciente y nada le hacía perder el control. ¡Realmente un gran ejemplo para todo niño y todo adulto!
—Por eso el texto de hoy dice que estaba lleno de sabiduría -comento Susana.
-Sí —respondió la mamá—, y Dios ha prometido darnos sabiduría a todos los que la deseemos. Debemos acudir a él en oración para que nos la conceda cada día.
-Yo quiero ser como Jesús -comentó Susana.
—Yo también añadió Mateo.
Tu oración:
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¿Sabías qué?
Jesús fue enseñado por su madre acerca de lo que él mismo habló a Moisés.

