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“Todo el mundo quiere ir contigo en la limusina, pero lo importante es tener a alguien dispuesto a tomar el autobús contigo cuando la limusina no funciona». – Oprah Winfrey

Matutina de Adolescentes

«Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro. ¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante!»

Eclesiastés 4:9, 10

¡Oh, no! ¿Dónde están mis aparatos? -me lamenté. (Si alguna vez usaste aparatos de ortodoncia, probablemente hayas dicho estas palabras.)

Acababa de subir a la camioneta con otros estudiantes de la Academia Mountain View. Habíamos ido al sur de California en un viaje escolar y nos hospedábamos en el gimnasio de la Academia Orangewood. Ese día planeábamos disfrutar de un parque de diversiones.

Mientras yo decía esas palabras, mi profesor de Lengua y consejero, el señor Swanson, apagó el motor de la camioneta.

-Lo puse en una servilleta mientras desayunaba -expliqué-. Pero debo de haber tirado la servilleta a la basura.

-Será mejor que lo encontremos -dijo la Sra. Swanson-. Te ayudaremos.

Me sentía muy avergonzada de revolver la basura detrás de la cocina del colegio. Pero teníamos que hacerlo. Los aparatos costaban mucho dinero, y yo estaba a ochocientos kilómetros de mi casa y de mi ortodoncista.

Me bajé de la camioneta. Algunos amigos, y el señor y la señora Swanson, también. Caminamos hasta los tachos de basura, y el señor Swanson abrió algunas bolsas de basura que estaban arriba de todo. Entonces, todos comenzamos a levantar cualquier servilleta blanca que veíamos y a palparlas buscando la ortodoncia.

Fruncí la nariz mientras tocábamos cáscaras de banana pegajosas y platos con miel. Me sentí especialmente mal por mis amigos y consejeros, que trabajaban a mi lado sin quejarse.

Luego de haber revisado varias bolsas, alguien preguntó:

-¿Es esto?

-¡Sí! -exclamé emocionada.

La señora Swanson, que era enfermera, me ayudó a esterilizar los aparatos, y finalmente pudimos salir a divertirnos por el día.

Todo ese viaje permanece en mi memoria como una gran experiencia. Pero lo que más resalta es ese grupo de gente que me mostró a Cristo al inclinarse y hacer un trabajo sucio por mí. Estoy tan agradecida por los amigos cristianos…. ¡Nunca quisiera tirarlos a la basura!