Si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo. Mejor es entrar al reino De Dios con un ojo que, teniendo dos ojos, ser echado en el infierno.
Marcos 9:47
Una de las avenidas del alma que Satanás más ha atacado es la vista. Por donde sea que se mire hay anuncios espectaculares, páginas, libros, revistas y personas que ofrecen innumerables tentaciones hacia los ojos, evocando la sensualidad de la mujer para atraer el apetito sexual del hombre y viceversa.
Muchas jóvenes quieren verse bonitas y, para ello, usan vestimenta atrevida para atraer las miradas de los caballeros. A la vez, muchos de estos no se fijan en ellas para admirar su belleza, sino para dar rienda suelta a su imaginación sexual. En los evangelios, el Señor te recuerda: «El que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón» (Mateo 5:28). ¿Quién es el culpable? ¿La codicia desmedida de los empresarios? ¿La lascivia del hombre? La maldad está en el corazón; es decir, en la mente de aquellos que se alejan de la única Fuente de bien: Cristo Jesús.
La Palabra menciona de forma contundente: «Si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo. Mejor es entrar al reino de Dios con un ojo». Obviamente, el Señor no quiere un mundo de ciegos o de tuertos; lo que él quiere decir es que hay prioridades. Es mejor obedecer a Dios que perderse. Vencer la tentación de mirar lo prohibido no es fácil porque los seres humanos son pecadores por naturaleza, y les agrada hacer lo malo y dejar que se enciendan las pasiones carnales. Pero, ¿qué hacer?
El Señor te da la salida: «Si alguno está en Cristo, es una nueva creación» (2 Corintios 5:17). Tu única oportunidad es Cristo, su presencia cambia tu naturaleza, su Espíritu modifica tu tendencia y solo él es capaz, nadie más. Con él, tu vida se llenará de luz, tus ojos verán lo que es grato, no buscarás lo bueno por ti mismo, sino porque él vive en ti.
¿Cómo te encuentras? ¿Qué tan desesperante es tu caso? Ven a Jesús porque lo que es imposible para el ser humano es posible para Dios. Cada mañana, podrás escuchar la voz del Señor que dice: «Éste es el camino; vayan por él. No se desvíen a la derecha ni a la izquierda» (Isaías 30:21, RVC). Pon tus ojos en él y tus pasos estarán seguros, porque todo es por su gracia.

