No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia.
1 Corintios 7: 5
Desde su creación, Dios consideró que el hombre no estaba completo, sino que necesitaría la compañía de su mujer. Al crear a la humanidad, Dios también consideró que el hombre debía reproducirse para llenar la tierra; sin embargo, lo hizo de tal manera que la relación sexual de la raza humana fuera agradable, deseable y liberadora.
El apóstol Pablo les aconseja a las parejas que no se deben negar el uno al otro con relación a la satisfacción sexual. Se entiende que hay momentos en los que definitivamente no se debería exigir el cumplimiento del compromiso sexual, por ejemplo: por enfermedad, por el periodo menstrual o por la dedicación temporal al retiro espiritual. Fuera o después de estas situaciones, es sensato continuar con una relación sexual matrimonial saludable.
En algunos casos, puede que uno de los dos, sin motivo aparente, ya no quiera participar de las relaciones sexuales. En tales casos, el apóstol recomienda no negarse el uno al otro para que «no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia».
El cuerpo humano responde de manera natural a la actividad sexual. No es pecaminoso tener deseo o apetito sexual; lo pecaminoso sería saciarse de forma indebida. Por tal razón, se espera que tanto hombre como mujer satisfagan a su pareja de la manera apropiada. Los especialistas en parejas aconsejan tener tres consideraciones en la relación sexual matrimonial: el respeto, el altruismo y la creatividad.
Respeto para no hacer nada que le desagrade a la pareja. Pudieran ser posiciones, formas o hábitos de limpieza. Altruismo para colocarse en los zapatos de la otra persona considerando a la relación sexual como la manera de satisfacer a la pareja y no pensar solo en ti de forma egoísta. El altruismo alivia una enorme cantidad de quejas y frustraciones. Por último, está la creatividad para no hacer siempre lo mismo, siempre y cuando esta mantenga el respeto y la integridad de ambos.
La sexualidad en el matrimonio llega a ser un arte porque te ayuda a dar lo mejor de ti en beneficio de tu cónyuge. Por supuesto, hay muchas personas cuyas experiencias sexuales les han traído maldición más que bendición. Es posible que no querrán más intimidad con su pareja. Sin embargo, bajo la filosofía cristiana, puede que estas experiencias lleguen a ser un lugar de refugio, de felicidad y de satisfacción plena. Aun el buen cuidado y el deleite de las relaciones sexuales es por su gracia.


