Ahora comprendo que para Dios todos somos iguales.
Hechos 10:34
Pedro se encontraba en Jope, en casa de Simón. Al mediodía subió a la terraza para orar. De pronto, mientras le preparaban la comida, tuvo una visión: del cielo bajó un gran manto. En el manto había toda clase de animales, incluso reptiles y aves.
Pedro escuchó que Dios le decía: «¡Mata y come de estos animales!». Pedro respondió: «No, Señor. Jamás he comido nada impuro». Esta visión contiene la valiosa lección de que para Dios todas las personas son de igual valor.
No importa el origen, el idioma o la nacionalidad, porque Dios ama a todos por igual y les da la oportunidad de que lo conozcan y lo acepten como su Salvador. En este caso, Dios le pidió a Pedro que fuera a predicar a la casa de Cornelio, un capitán romano.
Pedro cambió su manera de pensar, y a partir de ese momento empezó a mirar a la gente como Dios la mira. Esta misma lección es para ti hoy: para Dios todos son de gran valor.
Actividad. Con ayuda de tu familia, forma tu árbol genealógico: bisabuelos, abuelos y papás. Investiga cómo vivían, en qué trabajaban y otros detalles similares que quieras conocer.
Oración. Gracias, Padre, porque me diste una familia. A pesar de que todos somos diferentes, nos amas por igual. En el nombre de Jesús, amén.


