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Dio todo lo que tenía

Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas. Vio también a una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas.

Lucas 21: 1-2

Reconocer a Dios como dueño de todo y de todos garantiza tu actuar en la forma en cómo te relacionas con él para serle fiel. No son pocas las personas que piensan que a los que dan los diezmos y las ofrendas en la iglesia les han lavado el cerebro, que actúan ingenuamente y otorgan su dinero para que otros se lo gasten.

Sin embargo, quien ha reconocido a Dios como creador y lo acepta como su Señor participa feliz de saber que colabora para su reino. Lo cierto es que la gente de escasos recursos es más susceptible a aceptar a Dios como dueño y a devolver sus diezmos y ofrendas.

Pero esto no es nuevo. En el tiempo de Jesús, una viuda pobre fue al templo y, aunque era todo lo que tenía, dio dos monedas de poco valor. Dios no se deslumbra por la cantidad que alguien dé.

Él quiere que las personas sean fieles en lo poco o en lo mucho. Pueden existir personas con pocos recursos que no sean fieles con, por ejemplo, 100 pesos, como puede haber personas ricas que no son fieles en 100 000 pesos. Asimismo, pueden existir personas fieles que dan 10 pesos porque es todo lo que ganan, como personas ricas que dan 100 000 pesos porque Dios las bendijo.

Dios es el dueño de la Iglesia y de la misión, así que puede sostenerla de mil formas. Él no necesita el dinero -que de paso le pertenece, sino que más bien eres tú quien necesita de él, porque sin él estás perdido.

Quien ha reconocido el señorío de Dios en su vida le devuelve sus diezmos y ofrendas con gratitud. Su pregunta no es «¿por qué doy?», sino «¿cuánto más doy?», porque la gratitud no tiene límites y es justo como esta pobre viuda que estaba tan agradecida con Dios dio todo lo que tenía.

Dios no desea que vayas a la iglesia refunfuñando por lo que vas a dar ni tampoco espera que le des lo que te sobra, aunque sea una mayor cantidad a la que dio algún otro fiel. Él anhela que des con el corazón alegre y que, aunque sabes que no necesita tu dinero para sostener a su Iglesia, lo das gozoso para participar en su reino.

Puedes tener mil argumentos para no dar, pero en realidad sabes en el fondo que son las excusas de un corazón endurecido por el egoísmo. Sin embargo, cuando pruebes a Dios, comprobarás que es fiel sus promesas, de manera que haces más con menos.

Asimismo, quien no haya probado a Dios no le alcanzará lo mucho que tenga o pueda llegar a tener. Después de todo, la fidelidad no tiene que ver con cuánto das, sino con quién te relacionas. Recuerda que todo es por la gracia de Dios.