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Tocando con una cuerda

EL SEÑOR SABE RESCATAR DE LAS PRUEBAS A TODOS LOS QUE VIVEN EN OBEDIENCIA A DIOS.

2 PEDRO 2:9

Cuando vayas a Italia, visita la ciudad de Génova, el lugar donde nació el mayor violinista de la historia. El 27 de octubre de 1782, Niccolò Paganini llegó a este mundo para revolucionar la música a nivel global.

A los siete años ya asombraba a sus maestros con su incipiente habilidad de transformar el arco y las cuerdas en extensiones de sus propios dedos. Además de ser un concertista inigualable, se convirtió en el compositor de las piezas más desafiantes para cualquier violinista: Los Caprichos. En una ocasión, mientras interpretaba un complicadísimo concierto con una orquesta electrizada y un público hipnotizado, ocurrió algo sin precedentes.

Al acercarse el gran final, los minutos más impresionantes de la pieza, sucedió lo impensable: la cuerda más fina de su violín Stradivarius se rompió. Todos suspiraron, y de inmediato, el violinista más cercano le ofreció su instrumento para que continuara, pero el músico prodigio lo rechazó rotundamente.

Paganini hizo un gesto a la orquesta para que no se detuviera y siguiera tocando. Los espectadores, incrédulos, abrieron los ojos como platos al verlo readaptar su técnica y continuar con solo tres cuerdas.

Pero lo peor estaba por venir: poco después, las siguientes cuerdas -la y re- también se rompieron. Sin embargo, Paganini no se rindió. Agotado, con una sola cuerda -sol-, su cuerpo se contorsionaba, gotas de sudor corrían por su rostro Y, de manera increíble, llegó a las notas finales con maestría.

Para ese momento, la orquesta había dejado de tocar porque nadie creía lo que estaba presenciando. Y al finalizar el último arco con un suspiro de extenuación, el público estalló en un aplauso inimaginable en el Teatro La Scala, en Milán.

Aunque fue ovacionado de manera ensordecedora, pidió silencio y tomó la palabra. Entonces, pronunció una de las frases más célebres de su vida: «A veces, en la vida de un artista, toca hacer música incluso con una sola cuerda».

Desde entonces, Paganini nunca fue olvidado. Una sola cuerda. Tal vez sea lo único que te queda, pero es todo lo que Dios necesita. Las dificultades son los ingredientes que el Señor utiliza para obrar prodigios. En este día, haz música incluso si las cuerdas de tu vida se rompen.

Con Cristo, llegarás al final del concierto de tu vida. ¡Y estallarán los aplausos!