DIOS BENDICE A LOS QUE SON HUMILDES.
MATEO 5:5
La largada promete ser electrizante. Los gritos de la multitud resuenan en un ambiente de altísima competitividad. Cuando suena el disparo esperado, cada atleta se lanza en una competencia hipnotizante.
Mientras el sol quema la piel, el sudor brota por todos los poros de los participantes. El polvo se levanta y los músculos llegan al límite del agotamiento. Los gritos se convierten en alaridos.
La meta está cerca. La desesperación generalizada acelera los latidos del corazón. El primero cruza la línea de llegada. La explosión de alegría celebra al gran vencedor. Fue una actuación fantástica, casi olímpica. ¿Qué te parece?
¿Sabes lo que acabas de presenciar? ¡Una alucinante carrera de burros! Así es. Burro, asno, mula, pollino… todos con su porte pequeño y sus enormes orejas. No he visto nada más divertido y gracioso en la vida.
La ciudad de Campina Grande es famosa por tener el mes de junio más animado de Brasil. Cada año celebrarán allí la edición del Gran Premio Internacional de Burros. ¿Sabes dónde?
En el lugar más concurrido de la localidad: ¡el burródromo! ¿Puedes creerlo? Y el ganador se lleva un trofeo, una corona de laureles y el trato especial de una celebridad. Hablamos del burro, por supuesto.
En el Nordeste, esta competencia es común y siempre arranca carcajadas de la curiosísima multitud, fascinada con el desempeño de «las máquinas de cuatro pezuñas». Es cómico ver a esos hombres enormes brincando sobre el pobre animal, que trota torpemente con su lomo arqueado.
Lo curioso es que, entre las muchas descripciones exageradas de esta prueba tan peculiar, hay una que es absolutamente cierta: El burro fue el mayor medio de transporte del planeta, pues incluso cargó al Señor Jesús, ¿No es verdad?
Cuando Cristo entró en Jerusalén, tuvo la nobleza de montarse humildemente en un animal así. Después de todo, el ejemplo que él nos dejó en todos los momentos de su vida fue de sencillez, humildad y humanidad.
En el reino de Dios, el más grande de todos es aquel que sirve a los demás. Las limitaciones de cada uno son desafíos inmediatos para que el Señor intervenga en nuestras vidas.
Un lujoso caballo de raza puede valer una fortuna, pero fue un humilde burrito el que cargó al Omnipotente. ¿No es asombroso? Aprovecha hoy para ser pequeño y depender de un Dios grande. Sigue adelante con humildad y cruza la línea de llegada. ¡Serás vencedor!


