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Apena infinita

TODOS LOS QUE TENGAN SED, VENGAN. TODO AQUEL QUE QUIERA, BEBA GRATUITAMENTE DEL AGUA DE LA VIDA.

APOCALIPSIS 22:17

Imagina que tomas un enorme balde de playa y cubres por completo de arena toda la extensión de Brasil. Ahora, piensa cómo sería el país de Australia si estuviera totalmente lleno de dunas áridas.

¿Y qué tal Europa? Imagina todo ese continente cubierto por completo con tierra desértica. ¿Te parece extraño? ¡Para nada! Esa es exactamente la inmensidad del tercer desierto más grande de la Tierra.

El Sahara es tan enorme que supera en área a países como India, Brasil y Australia, además de que equivale en extensión a Europa y Estados Unidos. ¿Quieres cifras? Nueve millones de kilómetros cuadrados, que limitan con diez países africanos.

¿Y por qué el tercero más grande? Porque la gélida Antártida y el desierto ártico (aunque no lo creas, también son considerados desiertos) son aún más extensos que el Sahara. La diferencia es que, en este desierto de arena, la temperatura oscila entre casi 50 °C durante el día y hasta -5 °C por la noche.

Y eso sin mencionar las temibles tormentas de arena, densas cortinas de granos de piedra afilados capaces de devastar lo que encuentren a su paso. Para sobrevivir en una región tan hostil, hay que ser un dromedario, una especie de camello con una sola joroba, o un temido escorpión de hasta diez centímetros, con un veneno letal para los humanos.

Ah, y también hay una serpiente con protuberancias en la cabeza que parecen dos cuernos aterradores. ¡Qué lugar, eh! Por eso, la palabra «desierto», en la Biblia, siempre evoca imágenes de soledad, tentación, lucha y muchas pruebas. Jesús pasó cuarenta días en el desierto.

Elías huyó al desierto y casi murió de hambre. El pueblo de Israel deambuló cuatro décadas por el desierto. Agar, la esposa alternativa de Abraham, casi falleció con su hijo Ismael en el desierto.

Y hay muchas más historias en ese escenario. Si estás pasando por un desierto de sueños rotos, falta de esperanza y angustia, pídele a Jesús que te saque de allí. Dios siempre llega como un oasis para la aridez del pecado.

Solo debes pedir, orar y confiar. Aprovecha este momento para contar con el Agua viva. Sobrevivirás más que un camello en el Sahara, pero es necesario creer en el Señor y obedecer lo que dice la Biblia.

Somos -y seremos- nómadas en este planeta imperfecto hasta que lleguemos a nuestro destino eterno, donde nunca más tendremos calor ni sed. ¡Ya casi estamos allí!