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Enemistad pondré entre ti y la mujer

Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza y tú le herirás en el calcañar.

Génesis 3:15

Este versículo es conocido como el protoevangelio. En este pasaje se encuentran todos los elementos de la gran controversia: la promesa de un Mesias -la simiente-, el juicio- la herida en la cabeza-, el conflicto-, la enemistad- la iglesia-, la mujer-, y Satanás- la serpiente-.

Algunos incluso dicen. que, si faltara toda la revelación, pero existiera este versículo, sería suficiente para aguardar una promesa de redención. Cualquiera haya sido la razón, Dios desde el mismo inicio del conflicto entre el bien y el mal en esta tierra puso en marcha el plan de rescate; es decir, la desobediencia del hombre no tomó a Dios por sorpresa, porque sabía de la posibilidad de la misma.

Después de todo, había creado al hombre con el atributo más maravilloso del universo: el libre albedrío. La obediencia del hombre no estaba garantizada, ya que no había sido programado para obedecer ciegamente las indicaciones de Dios. Gozaba del privilegio de elección porque Dios quería que el hombre confiara en él y anhelaba que su obediencia fuera razonada, que sus convicciones fueran leales por amor como respuesta al amor que su Creador tenía él.

Por tanto, Dios, en su infinita sabiduría, en el consejo de la Santísima Trinidad, había definido los pasos a seguir si el hombre pecaba. El plan de salvación fue diseñado por Dios con el más minucioso detalle.

El Señor no dejó nada al azar, ya que cada acto, cada parte, estaba planeada con símbolos, fechas, personajes y lugares. Cuando piensas en la declaración de Génesis 3: 15, tu corazón se debe enternecer de alegría y gratitud por el Dios que te ama.

No solo te creó, sino que proveyó la salida perfecta para tu redención. Dios mismo sería el personaje principal en el plan de salvación como la simiente y el juez. Sostendrá a su Iglesia y destruirá para siempre a la malvada serpiente.

Jesús ha hecho todo por ti y por mí, así que es momento de ir de rodillas para agradecerle y aceptarlo como salvador. Mi querido amigo, ¿quieres hacerlo hoy? No tardes, todo está planeado, mañana puede ser muy tarde. Recuerda que todo es por su gracia.