Y oró Ezequías delante de Jehová, diciendo […] Oye la palabra de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente […]. Sálvanos, te ruego, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que solo tú, Jehová, eres Dios.
2 Reyes 19:15-19
¿Conoces las consecuencias de la soberbia?
El engrandecimiento y la caída del Imperio Asirio abundan en lecciones para las naciones contemporáneas, y también para ti y para mí.
La inspiración divina comparó poéticamente la gloria en el Líbano con su noble árbol del huerto de Dios: «He aquí era el asirio cedro en el Líbano, de hermosos ramas, de frondoso ramaje y de grande altura, y su copa estaba entre densas ramas». (Eze. 31:3).
Pero los gobernantes de Asiria no emplearon sus recursos para beneficiar a la humanidad, sino que llegaron a ser el azote de muchas naciones. Despiadada, sin consideración para con Dios ni para con sus semejantes, los consumió la corrupción: «¡Ay de ti, ciudad sanguinaria, toda llena de mentira y de rapiña, sin apartarte del pillaje!» (Nah. 3:1). ¿Algún parecido con la actualidad?
Dios los llamó al arrepentimiento mediante el profeta Jonás, pero su soberbia sobrepasaba el sentido de su realidad. La soberbia distorsiona la realidad y es el principio de todo mal. Nunca baja sola de su pedestal, ¡pero siempre cae de las alturas! Sofonías profetizó la caída de Asiria (ver Sof. 2:14). Era inevitable, Dios respondió a su tiempo el pedido de Ezequías (ver 2 Rey. 19:35)
Todos pasamos por este mundo muy rápidamente. Toda nación se precipita al olvido por el simple movimiento de la historia, pero la soberbia apura los tiempos de la caída y arruina la herencia. La obra del soberbio no dura mucho tiempo, pero la obra de los justos permanece para siempre (ver Apoc. 14:13).
Dios ve los grandes actos de soberbia de las naciones, pero también los pequeños actos cotidianos de abuso de poder, de los que podemos llegar a ser víctimas. «Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le liberará Jehová (Sal. 34:19).
¡Guárdanos, Señor, de la soberbia!
Oración: Señor, hazme humilde.
Lecturas Devocionales Para Adultos 2019
Las Oraciones más Poderosas de La Biblia – Ricardo Bentancur

