“¡Jamás diré mentiras ni pronunciaré palabras falsas!»
(Job 27:4).
Las cadenas se usaban como adorno o como símbolos de honor y autoridad. Tal fue así con el caso de José y Daniel que recibieron cadenas alrededor de su cuello al ser elevados a un alto cargo.
También se usaban las cadenas para retener a los prisioneros. Se colocaban en las muñecas como esposas y en los tobillos como grillos para trasladarlos. Estaban hechas de hierro o bronce.
En los tiempos del Nuevo Testamento, era costumbre encadenar a prisioneros importantes, peligrosos o notorios a los soldados que los custodiaban. Es probable que así haya pasado con Pedro y Pablo durante sus prisiones.
A veces nosotros, simbólicamente, nos ponemos cadenas cuando mentimos. Y, tarde o temprano, estas cadenas nos atan. Pero si reflexionamos, nos arrepentimos y confesamos a Dios nuestros errores, él nos quita las cadenas. Y cuando otra vez queremos mentir, él nos ayuda a recordar que la mentira no es buena. La Biblia dice: “¡Jamás diré mentiras ni pronunciaré palabras falsas!» (Job 27:4).
Desafío: Busca este versículo en tu Biblia y resáltala con colores. Dibuja aquí una cadena a lo ancho de esta página para recordar esta enseñanza.
Lee más en la Biblia, [Génesis 41:42]; [Daniel 5:7, 16, 29]; [Hechos 8:29]; [Hechos 12:7]; [Hechos 21:33]; [Hechos 28:16, 20].

