Un hombre se encontraba viajando por un país del medio oriente, encontrándose ahí supo que había en cierta región del país existían pastores de ovejas que practicaban la antigua costumbre de ponerle nombre a cada una sus ovejas.
Al llegar a la localidad tuvo la oportunidad de conocer uno de esos pastores de ovejas y le dijo: Déjeme que me vista con sus ropas y que lleve su cayado, y entonces llamaré a cada una de sus ovejas a ver si me siguen. Luego se disfrazado con la ropa del pastor, comenzó a llamar por nombre a las ovejas, pero todas comenzaron a huir.
Entonces el hombre le preguntó al pastor: ¿No habrá ninguna que me siga? A lo que el pastor contestó: – Sí señor, algunas de ellas lo han de seguir; las ovejas enfermas siguen a cualquiera.
Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.
Juan 10:27-28
Aquel hombre al poner a prueba el rebaño se dio cuenta que las ovejas no reconocen únicamente la vestimenta de su pastor si no que también su voz.
Solo las ovejas enfermas le seguirían porque ya habían perdido la capacidad de saber distinguir la voz de su pastor.
Ahora poniendo esta historia a la vida real, ¿tu como joven reconoces la voz de Dios? Distingues su voz y sabes cuando el perfectamente te esta hablando a ti, o has caído como las ovejas enfermas que fácilmente eran llevadas por cualquiera que se le pusiera enfrente aparentemente con la misma apariencia de su pastor.
Quiera Dios que como jóvenes velemos cada día por tener una excelente salud espiritual mediante la constante oración, la lectura de la palabra de Dios y el congregarnos y cuando otra voz que no es de Dios se levante y trate de llamarnos sabremos retirarnos y buscar la verdadera voz de Dios.
Por Reflexiones Matutinas

