«Contigo está el manantial de la vida; en tu luz veremos la luz. Extiende tu misericordia a los que te conocen, y tu justicia a los rectos de corazón». Salmo 36: 9-10
APESAR DE LA DEGRADACIÓN MORAL, la impiedad de los hombres y la incredulidad, Dios tiene misericordia del mundo. Pero sobre todo, tiene misericordia de los que lo conocen, de los rectos de corazón. La misericordia de Dios es un regalo y una garantía, si nuestro corazón está dispuesto a conocerlo, aproximarse con fe y aceptarlo plenamente.
La misericordia de Dios no tiene límites. Cuando Moisés le pidió a Dios que le mostrara su gloria, él contestó que mostraría delante de Moisés toda su bondad y misericordia. Dios pasó delante de él, y Moisés exclamó: «¡Jehová! ¡Jehová! Dios fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira y grande en misericordia y verdad, que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado» (Éxodo 34: 6-7). En este pasaje, de los cinco atributos que Dios menciona de sí mismo, la misericordia ocupa un lugar relevante.
Si no fuera por la misericordia de Dios, ya habríamos sido consumidos; pero él quiere que todos procedamos al arrepentimiento, que nuestro corazón sea totalmente transformado y que todo nuestro ser, espíritu, corazón y cuerpo sea guardado irreprensible para él. Su misericordia nos protege, nos guarda y nos acepta como un metal que necesita ser pulido para su palacio glorioso y eterno. Su misericordia es nuestro salvavidas, y todo el que se aferre a ese salvavidas alcanzará la victoria en el día de la redención.
La misericordia de Dios es gratuita y no se obtiene por mérito alguno. Dios le dijo a Moisés: «Tengo misericordia del que quiero tener misericordia» (Éxodo 33: 19). En otras palabras, la misericordia de Dios es un regalo inmerecido, que llega a nosotros únicamente porque él así lo quiere.
Pedro menciona que, según la gran misericordia de Dios, él nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos (1 Pedro 1: 3). David, por ejemplo, experimentó la misericordia de Dios al ser perdonado, y un gozo indescriptible inundó su corazón. Por eso, repite varias veces en el Salmo 136 la frase: «Para siempre es su misericordia».
Pidámosle a Dios que tenga misericordia de nosotros como la tuvo en el pasado con sus hijos.
Lecturas Devocionales Para Adultos 2018
Fuentes de Vida – David Javier Pérez

