«La explicación de tus palabras ilumina, instruye a la gente sencilla».
Salmo 119:130
—Hemos terminado de comentar lo que consideramos más importante del libro de Éxodo, y antes de entrar a Levítico —inició el papá—> deseamos contarles algunas historias del poder que tiene la Palabra de Dios.
—Ha sido muy interesante el estudio de la Biblia, pero también nos gustan las historias —comentó entusiasmada Susana.
—A mí también me gustan las historias —afirmó Mateo.
—Se cuenta que un agente de ventas que viajaba de un lugar a otro —continuó el papá— se encontraba en la habitación del hotel donde se hospedaba. Se sentía triste. Había terminado el día sin realizar ninguna venta, y ya tenía varios días así. Estaba tan desanimado que hasta pensó en quitarse la vida.
—¡Pobre! Se sentía muy mal -—lamentó Susana.
—Se sentía abrumado por no tener dinero y tenía algunas cuentas pendientes que pagar —continuó el papá—> pero mientras estaba pensativo, se dio cuenta de que sobre la mesa había un libro. Como a él le gustaba leer, se acercó para hojearlo; nada perdía con ver de qué se trataba.
—¿Era una Biblia? —preguntó Mateo.
—Sí, era una Biblia —respondió el papá—, la abrió y empezó a leerla. No se dio cuenta de cuánto tiempo pasó; estaba tan animado leyéndola, que sus pensamientos negativos de acabar con su vida se esfumaron. En ese libro había encontrado esperanza, fortaleza y ánimo para seguir viviendo. Su decisión de leer la Biblia le había dado esperanza. ¡Qué bueno que ustedes la están estudiando cada día! Les dará seguridad y esperanza en medio de las pruebas.
Tu oración: Querido Dios, gracias porque tu Palabra me da seguridad y confianza al saber que tú la inspiraste.
¿Sabías qué?
La Biblia fue escrita por reyes, pastores de ovejas, profetas, pescadores y sacerdotes a quienes el Espíritu Santo inspiró.

