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«Si te irritas por cada roce, ¿cómo se pulirá tu espejo?» – Rumi

Matutina de Adolescentes

«Dejemos a un lado todo lo que nos estorba y el pecado que nos enreda, y corramos con fortaleza la carrera que tenemos por delante. Fijemos nuestra mirada en Jesús, pues de él procede nuestra fe y él es quien la perfecciona. Jesús soportó la cruz, sin hacer caso de lo vergonzoso de esa muerte, porque sabía que después del sufrimiento tendría gozo y alegría; y se sentó a la derecha del trono de Dios»

Hebreos. 12:1, 2, DHH

Me detuve en una tienda en Atenas, Grecia, para observar a un grupo de clientes que se reían y se retorcían. Estaban sentados en bancos largos con los pantalones arremangados hasta la rodilla y los pies colgando dentro de tanques de agua, donde había pececitos que les mordisqueaban la planta de los pies.

Esa tienda, llamada «Doctor Pez», consta de varios tanques con peces Garra rufa. Aparentemente, estos peces comen células de piel muerta. Usando sus bocas de ventosas, mordisquean suavemente hasta que los pies de los clientes quedan suaves. Se la llama pedicuría de peces.

A juzgar por los saltitos y las risas, la mayoría sentía un poco de cosquillas durante el proceso. Pero, todos decían que les gustaba cómo se sentían sus pies al terminar.

A veces, quitar callos duros y manchas feas de nuestro cuerpo puede darnos cosquillas, o incluso doler. Y quitar callos duros y manchas feas de nuestro carácter puede ser aún más incómodo.

Durante mi visita a Atenas, también subí al Areópago (Colina de Marte), una rocosa saliente donde Pablo predicó sobre el «Dios no conocido». Él les señaló a Jesús, el Hijo de Dios, quien murió por nuestros pecados y resucito de los muertos. Les dijo a sus oyentes que este Dios manda «que todo el mundo en todas partes se arrepienta de sus pecados y vuelva a él» (Hech. 17:30, NTV).

A muchos allí no les gustaba lo que Pablo les decía. Se burlaban de él y le dijeron que se fuera de la ciudad.

Pero algunos se convirtieron en seguidores, y su vida cambió. Ellos creyeron la enseñanza de Pablo de que la forma de quitar las durezas del pecado y de disfrutar de una conciencia limpia no es con peces, sino con el Pescador.