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«Me hago leproso con los leprosos para ganarlos a todos para Jesucristo» – Padre Damián

Matutina de Adolescentes

«Un hombre que tenía lepra se le acercó, y de rodillas le suplicó: -Si quieres, puedes limpiarme. Movido a compasión, Jesús extendió la mano y tocó al hombre, diciéndole: -Sí, quiero. ¡Queda limpio!»

Marcos. 1:40,41

Cuando llegó la lepra a las islas hawaianas, cundió el pánico. La mayoría de los isleños ya habían muerto de enfermedades extrañas traídas por los navegantes europeos, pero esta era la más extraña. Comía la piel, y consumía los dedos de las manos y de los pies.

Asustado por la enfermedad que se propagaba, el gobierno encontró un pedazo de tierra en la isla de Molokai que estaba separada del resto de la población por un acantilado de 500 metros. Allí aislaban a los pacientes.

Nadie quería ir a esa colonia. Había que forzar a los capitanes de los barcos a transportar pacientes, ya veces arrojaban a los leprosos desde el barco en aguas profundas y los hacían nadar hasta la orilla. Los solitarios leprosos estaban demasiado enfermos como para cultivar alimentos, e incluso hasta para enterrar a sus muertos. Había un médico, pero él dejaba las medicinas en el poste de su cerca para no tener que tocarlos. Así como los leprosos de la Biblia, ellos se sentían rechazados por todos, incluso por Dios.

Eso comenzó a cambiar cuando un joven sacerdote se ofreció voluntariamente a ir a la colonia. No tenía nada cuando llegó, y durmió debajo de un árbol por varias semanas. Ayudaba donde podía. Vendó heridas, construyó una reserva de agua, hizo casas y muebles, preparó ataúdes y cavó tumbas.

Llegó a ser un héroe para los residentes de la colonia, y pronto se esparcieron historias de su trabajo más allá de las islas. Gente de otras confesiones religiosas enviaba dinero para apoyar su obra. Él pudo construir un orfanato para los hijos de los leprosos.

Un día, mientras se preparaba para darse un baño, el Padre Damián puso SU pie accidentalmente en agua hirviendo. No sintió dolor, y entonces comprendió que ese era un síntoma de la lepra. Él mismo había contraído la enfermedad.

Hoy es el Día del Padre Damián en Hawái, un día para recordar a este cristiano que se acercó para tocar a los leprosos, así como lo hizo su Salvador antes que él.