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“El hogar es donde está el corazón.” – Plinio el Viejo

Matutina de Adolescentes

«En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. Y, si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté»

Juan 14: 2, 3

Manjiro tenía catorce años cuando fue a pescar con unos amigos mientras su madre se quedaba en la casa. Pero, él no volvería a su hogar 3 en un futuro cercano. Una gran tormenta alejó su barco de las costas de Japón. Luego de ocho días, Manjiro y sus amigos llegaron a una isla rocosa y nadaron hasta allí. La isla estaba deshabitada, con excepción de algunas aves y las tumbas de náufragos anteriores.

Pasaron seis meses hasta que fueron rescatados por un barco ballenero norteamericano. Manjiro llegó a ser el preferido del capitán, quien lo llevó a su casa en Connecticut. En esta época, en la década de 1840, los norteamericanos nunca habían visto a un nativo japonés. De hecho, Japón prohibía que cualquiera se fuera del país y volviera, bajo pena de muerte.

La estricta ley no impidió el deseo de Manjiro de regresar a su casa. Aprendió todo sobre navegación y comenzó a trabajar con embarcaciones de vela. Esperaba obtener suficiente dinero para comprar un barco con el cual volver a Japón. En 1850 viajó a California. Su plan era unirse a aquellos que buscaban oro y conseguir suficiente dinero para cumplir su sueño. En solo diez semanas, ya tenía lo que necesitaba. Compró un pequeño barco y navegó hasta Hawái. Allí lo vendió y compró otro, llamado Adventurer. Luego, cargó su barco en uno más grande que se dirigía a las inmediaciones de Japón.

Cuando finalmente llegó a territorio japonés, sabía que podrían matarlo. De hecho, fue encarcelado como posible espía y lo interrogaron durante semanas. Su pedido de regresar a su ciudad natal fue ignorado. Pasaron siete meses hasta que pudo reunirse con su madre. Durante diez años, ella había pensado que Manjiro estaba muerto.

¡Imagínate esa reunión! ¿Sabes?, han pasado muchos años desde que Jesús ascendió al cielo. Pero creo que hay un vínculo entre nosotros y Jesús, que hace que piense en regresar tantas veces como Manjiro pensó en volver a su pueblito costero de la niñez. Jesús vendrá al lugar que una vez llamó hogar y, cuando lo haga, nosotros también iremos a casa.