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Un ensayo clínico controlado

Matutinas para Adultos 2020

«Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey ni con el vino que el bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligara a contaminarse»

Daniel 1:8

El Imperio babilónico se impuso como potencia mundial en los siglos VII y VI a. L C., luego de la época de dominio asirio. En ese tiempo, el rey Nabucodonosor de Babilonia sitió Jerusalén, profanó el templo e hizo cautivos a lo más selecto de la juventud de Israel para formar y utilizar esas mentes privilegiadas en la expansión de su dominio.

Daniel, Ananías, Misael y Azarías, todos de la tribu de Judá, se encontraban en ese grupo indeterminado de príncipes. Estos jóvenes estaban dispuestos a servir al rey, pero sin comprometer sus conciencias. La primera prueba fue la de comer de los manjares reales: comida declarada inmunda por la ley de Moisés y, además, proveniente de sacrificios paganos.

Daniel actuó como portavoz de su grupo y propuso un experimento que, salvando las distancias de tiempo y cultura, hoy llamaríamos un ensayo clínico controlado. Primero, se definió la dieta diferencial para ambos grupos de participantes: la comida del monarca y su vino (una modalidad de variable independiente), frente a alimentos de origen vegetal y agua (otra modalidad de variable independiente).

Segundo, se estableció la duración del tratamiento: diez días. Tercero, se definió la variable dependiente, es decir, el área a medir después de aplicar ambos regímenes alimenticios: la apariencia y la fuerza física de los participantes.

Sabemos que el resultado de este estudio riguroso fue concluyente: a juzgar por el rostro y por la robustez, Daniel, Ananías, Misael y Azarías fueron superiores a los demás.

Dios mismo reforzó las propiedades de la alimentación simple y natural y los efectos no fueron solo temporales, sino que se extendieron hasta los exámenes finales, cuando «en todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey los consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino» (vers. 20).

Además, obtenemos una hermosa lección del versículo de hoy. Las grandes victorias tuvieron comienzo en una silenciosa decisión inicial: Daniel propuso en su corazón no contaminarse.

Antes de que llegue la tentación, la dificultad o la prueba, haríamos bien en decidir en nuestro corazón que vamos a ser fieles a Dios.

En este día, no dejes las vías abiertas para decidir en el último momento si vas o no vas a obedecer a Dios. Haz como Daniel y proponte en tu corazón serle fiel, sea cual sea la situación.

El prosperará tus caminos como lo hizo con Daniel.