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«Las reglas son para la obediencia de los necios y la orientación de los sabios”. – Douglas Bader

Matutina de Adolescentes

«Solamente al Señor tu Dios debes seguir y rendir culto. Cumple sus mandamientos y obedécelo; sírvele y permanece fiel a él»

Deuteronomio. 13:4

No podía esperar a rendir el examen de conducir y obtener mi licencia. Con el permiso de principiante en mano, practicaba con el viejo Ford de mis padres.

La mañana de la prueba de manejo mi papá hizo revisar el auto. Quería asegurarse de que estuviera en buenas condiciones. El mecánico ajustó el acelerador, lo cual noté apenas la examinadora subió al auto y me dijo que arrancara.

Toqué levemente el pedal de aceleración y salimos de un salto hacia adelante. Me sorprendí tanto que apreté el freno con fuerza. El auto quedó clavado, pero la examinadora y yo no. ¡Uy!

Luego de algunos arranques y frenadas repentinos, la examinadora me pidió que regresara al estacionamiento del Departamento de Vehículos Motorizados (DMV). Yo estaba segura de que iba a reprobar.

-Estaciona allí -indicó de malhumor, mirando su planilla. Yo miré adonde ella señalaba. Un cartel decía claramente: «No estacionar”.

-Emmm…, me parece que no puedo estacionar allí -dije.

Ella ni siquiera levantó la vista; siguió escribiendo y volvió a gruñir:

-Solo estaciona allí.

-Pero… -comencé.

Uno de mis amigos me había advertido que el examinador podría intentar engañarme. Sí, este debe ser un truco para decidir si apruebo o no.

-Señora -casi susurré-, el cartel dice que no se puede estacionar allí.

Ella golpeó la planilla con el puño y escribió con letras grandes: DESAPROBADO.

-¡Nunca vi algo así! -exclamo, mientras se bajaba del auto.

Me encontré con mi mamá en la sala de espera. Ella notó por mi cara que no iba a obtener mi licencia ese día.

Al alejarnos con el auto, le mostré el cartel: «No estacionar». Pero, repentinamente, noté la frase que estaba abajo en letra más pequeña: «Solo vehículos del DMV».

Al parecer, la examinadora no estaba tratando de engañarme. Y estoy muy agradecida de que Dios tampoco lo hace. Él nos da reglas claras en sus Mandamientos, y ellos son la clave para el éxito al conducir por esta vida.