«No dejen ustedes de orar: rueguen y pidan a Dios siempre, guiados por el Espíritu. Manténganse alerta, sin desanimarse, y oren por todo el pueblo santo».
Efesios 6:18
-Qué privilegiados somos al poder orar y de esa manera hablar con nuestro Padre celestial —comenzó el papá con la historia de esa mañana-. La oración es el instrumento que Dios nos dejó para comunicarnos con él en todo lugar y en todo tiempo. Asombroso es saber que Dios escucha todas nuestras oraciones. Por eso la oración se convierte en el aliento del alma. Saber que tenemos comunicación directa con el cielo debe animarnos a orar más.
-La Biblia dice que Daniel oraba tres veces al día -comentó Mateo.
—Oraba tres veces y más -respondió el papá—. Otro de los excepcionales himnos que tenemos en nuestro himnario es el número 376, «Dulce oración», que fue compuesto por William W. Walford, un hombre ciego que se sabía prácticamente la Biblia entera de memoria. En cierta ocasión, el reverendo Thomas Salmon fue a ver a Walford, y este le repitió con timidez unos versos nuevos que acababa de crear.
Rápidamente, el reverendo Thomas los escribió y más tarde los envió a un periódico de Nueva York para ver si se podían publicar. El 13 de septiembre de 1845 fue publicado; quince años más tarde William B. Bradbury le puso música.
Ni el autor, Walford, ni el Reverendo Thomas, supieron del éxito que tuvo ese himno, que es muy apreciado y entonado en todo el mundo. De hecho es uno de los himnos favoritos de los cristianos. La versión en español es de Juan B. Cabrera. Les animo a que hagan de la oración un hábito para que sean dirigidos siempre por Dios en todo.
Tu oración:
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¿Sabías qué?
Hay cientos de oraciones en la Biblia.

