Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia
Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. Mateo 6:13. Cuando piensas
“Y Jesús seguía creciendo en sabiduría y estatura, y gozaba del favor de Dios y de los hombres” (Lucas 2:52).





