“Yo soy la vid, y ustedes son las ramas. El que permanece unido a mí, y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí no pueden ustedes hacer nada”
(Juan 15:5).
Son parte del tronco de la vid, del que brotan los tallos largos, flexibles, delgados (llamados «sarmientos”). Tienen nudos que sirven de vástagos para que la planta se desarrolle y siga creciendo.
En la antigüedad, cuando un agricultor comenzaba a trabajar un terreno, tenía que sacar todas las piedras de la superficie que iba a ocupar para sembrar. Luego, tenía que remover la tierra y plantar las cepas de mejor calidad.
De estos pequeños troncos de la planta de la vid brotaban los sarmientos, las hojas y los frutos. En el medio del sembrado, el agricultor levantaba una torre para vigilar y también preparaba un lugar para hacer el jugo de uva.
Cuando Jesús vivió aquí en la Tierra enseñó acerca de esta planta. Él dijo: “Yo soy la vid, y ustedes son las ramas. El que permanece unido a mí, y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí no pueden ustedes hacer nada” (Juan 15:5). ¡Qué gran verdad es esta enseñanza! ¡Con Jesús podemos vivir y ser felices!
Desafío: Pinta este versículo en tu Biblia con color violeta. Dibuja aquí ramas de la vid para recordar el significado de este versículo.
Lee más en la Biblia, [Isaías 5:2].

