«A confortar a los dolientes de Sion. Me ha enviado a darles una corona en vez de cenizas, aceite de alegría en vez de luto, traje de fiesta en vez de espíritu de desaliento. Serán llamados robles de justicia, plantío del Señor, para mostrar su gloria»
Isaías. 61:3
La vida de Lucy no era envidiable. Todavía era una bebé cuando su madre falleció y su padre la envió a vivir con sus abuelos en la isla Prince Edward. 322) Los Macneill eran granjeros y querían que Lucy se criara en un ambiente estricto y formal. Eso le resultaba difícil a Lucy, que tenía un espíritu aventurero. Le gustaba estar afuera, recolectar frutas, pescar e ir a la playa.
Tendía a ponerle nombre a todo lo que veía. Incluso los manzanos de la granja tenían nombres, como Pequeño Almíbar, Gavin y Hombre Araña. El sendero de las vacas, detrás de la pradera, se llamaba Calle de los Amantes. No había niños de su edad que vivieran cerca, así que casi todos sus amigos de la niñez eran imaginarios.
Cuando tenía quince años, fue a pasar un año con su padre, pero esa tampoco fue una época feliz, porque no se llevaba bien con su madrastra.
Más adelante, consiguió trabajo como maestra, aunque esa no era una tarea que le gustara. Lo que ella realmente quería hacer era escribir, pero sus abuelos consideraban que eso era una pérdida de tiempo. Así que trabajaba en secreto, al punto de llevarse velas a escondidas a su habitación para poder escribir de noche.
«Luchaba sola, en secreto y en silencio», relató más adelante. «Nunca le conté de mis ambiciones, esfuerzos y fracasos a nadie. En lo más profundo, debajo de todo el desánimo y los rechazos, sabía que un día llegaría'».
Y ella «llegó”. El primer libro de Lucy Maud Montgomery, Ana de las Tejas Verdes, fue un éxito inmediato. Si has leído el libro y viste los programas televisivos, quizá reconozcas que Ana tiene mucho en común con Lucy. De las experiencias no tan felices de la autora, salieron historias que han inspirado y entretenido a millones.
Dios no quiere que tengas una vida triste y difícil. Y si confías en él, tal vez descubras que él puede tomar la arenilla irritante y dolorosa de tu pasado, y usarla para crear algo tan hermoso como las perlas.

