«Los utensilios del templo de Dios, grandes y pequeños, y los tesoros del templo, del rey y de sus funcionarios, todo se lo llevó el rey de los caldeos a Babilonia».
2 Crónicas 36:18
-Al estudiar la Palabra de Dios, es triste darnos cuenta de que el pueblo de Israel recibió muchas bendiciones para llegar a ser la luz del mundo pero no cumplió su misión -comenzó a hablar la mamá—. Aunque es cierto que hubo algunos reyes que se mantuvieron fieles a Dios y con su ejemplo condujeron al pueblo a hacer lo mismo.
-Por eso me gusta la historia del rey Josías -dijo Mateo-, desde niño amo a Dios.
-Realmente fue el último rey que hizo una gran reforma espiritual en Judá —afirmó la mamá-, pero no pudieron evitarse las consecuencias de haberse apartado de Dios. Primeramente, el reino de Israel se apartó de Dios y con el tiempo fue invadido. Los que no murieron fueron llevados cautivos.
El reino de Judá tuvo mejores reyes, pero lamentablemente los que siguieron al rey Josías se apartaron de Dios y se cumplió la profecía que le había dicho el profeta Isaías al rey Ezequías, acerca de que todo lo que les había mostrado a los caldeos pasaría a sus manos porque no le había dado la gloria a Dios.
-Recuerdo la historia de la muchacha cautiva que era del reino de Israel —comentó Susana.
-Y también las historias de Daniel y sus amigos; ellos eran del reino de Judá y fueron llevados cautivos a Babilonia -repuso Mateo.
-Efectivamente, Dios quería que todos los pueblos lo conocieran y obedecieran sus mandamientos, por eso había escogido a Israel.
Pero como ya dije, no cumplió su misión. Al llevarlos cautivos, quienes permanecieron fieles fueron una luz para sus comunidades y gracias a ello muchos conocieron al Dios verdadero.
Tu oración: Querido Dios, que donde quiera que esté pueda ser tu testigo fiel.
¿Sabías que?
Jeremías profetizó que el destierro del pueblo de Judá en Babilonia duraría setenta años.

