«Bendeciré al Señor con toda mi alma; no olvidaré ninguno de sus beneficios».
Salmo 103:2
—El nombre de Dios siempre ha sido alabado y lo será hasta la eternidad -dijo la mamá-. Las alabanzas al Creador, al que todo lo puede y nos da lo que necesitamos, era el tema que se trataba en los cultos de adoración del pueblo de Israel. Desde que salieron de Egipto, Moisés enseñó la Ley con música para que fuera más fácilmente memorizada, sobre todo por los niños.
-Yo me aprendí el nombre de los doce discípulos con música porque me fue más fácil —comentó Susana.
-Sí, es cierto, yo he aprendido algunos textos de la Biblia cantándolos y no se me han olvidado -afirmó Mateo.
—Eso es así, la música nos ayuda a memorizar algo más fácilmente -aseguró la mama—, por eso Dios deseaba que su pueblo cantara con alegría. El Salmo 150 consta solamente de seis versículos, pero está lleno de alegría y alabanza al Creador.
Menciona algunos instrumentos con los cuales se invita al pueblo a alabar a Dios, como la trompeta, el arpa, el salterio, el pandero, la flauta, instrumentos de cuerda y platillos sonoros. La adoración del pueblo de Israel en el templo se realizaba con muchos instrumentos, además del coro de levitas.
En una ocasión, el rey Josafat fue a la guerra y el ejército estaba acompañado por un coro que entonaba cantos al Señor. Ellos no pelearon, Dios luchó por ellos y el ejército enemigo fue vencido. Dios se goza de que lo alabemos con nuestros cantos.
Qué triste que no quedaron registrados los Salmos con su música, para que los cantáramos como se compusieron originalmente. Ojalá siempre estemos dispuestos a alabar a Dios con todo nuestro corazón, en gratitud por todo lo que hace por nosotros –cerró la mamá.
Tu oración: Querido Dios, gracias porque con mi voz puedo entonar cantos para alabarte.
¿Sabías que?
David inventó algunos instrumentos musicales, aunque en la Biblia no se menciona cuáles fueron.

