Categories

Archivos

No con mi fuerza, sino con tu Espíritu

Matutinas para Mujeres 2020

Era el verano del año 2003 y una joven de veintisiete años de edad estaba al borde mismo de la depresión. Llevaba mucho tiempo sufriendo terribles dolores como consecuencia de una caída que había experimentado en una excursión con sus alumnos.

Tres de ellos habían desobedecido las indicaciones de los profesores y se habían adentrado caminando hacia el río por un lugar peligroso. Cuando ella no alcanzaba a escuchar las voces de sus alumnos, decidió salir corriendo para alcanzarlos, sin percatarse de las irregularidades del terreno.

De pronto, se cayó. La caída fue tan dura que el dolor no le permitió levantarse de nuevo. Deseaba poder seguir corriendo para traer de regreso a sus alumnos hacia donde se encontraba el resto del grupo, pero le fue imposible.

Una vez en casa, comenzó la ronda de tratamientos, pero el problema no remitía. El doctor, observando la resonancia magnética, le explicó:

-Tienes un aplastamiento de la cuarta y la quinta vértebras lumbares, y eso es lo que causa tu dolor, Necesitas terapia física para que el nervio ciático deje de estar oprimido.

Ella, que había tenido una niñez y una adolescencia felices y sin ningún problema de salud, de repente vio su vida cercada de tinieblas, y no estaba preparada para aquella prueba. Se entregó por completo al sufrimiento, hasta tal punto que el dolor cegó su entendimiento.

Cuando vino a darse cuenta, el negativismo y la melancolía se habían adueñado de todas sus palabras y de las expresiones de su rostro. Se encontró estancada en una etapa a la cual no sabía hacer frente. La depresión hizo acto de presencia.

Tal vez tú estás experimentando una situación parecida. Tal vez hasta ahora tu vida ha sido un camino fácil de transitar, pero ya no es así y no sabes cómo hacer frente a esta prueba, para la cual nunca nadie te ha preparado. Si es así, debes saber que no estás sola: tienes a Dios de tu lado, acompañándote en tu dolor; y hay personas que te quieren, a las que puedes pedir ayuda. Hazlo.

Cultiva la fe, la paciencia y un espíritu de oración. No permitas que el enemigo haga estragos en tu vida. Aunque ahora no puedas verlo, tienes mucho futuro por delante. Recuerda que no es con tus fuerzas, sino con su Espíritu.

«No con ejército, ni con fuerza, sino con mi espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos»

Zacarías. 4:6, RV95