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Marta

Matutinas para Mujeres 2020

Un grupo de diez hermanos de la iglesia de Ceneba, en Alajuela, Costa Rica, decidieron un día hacer trabajo misionero en las calles. El plan fue hotel siguiente: situarse en las inmediateces del Parque Juan Santa María y dar el desayuno a los indigentes de la zona que quisieran acercarse. Así que, todos los domingos, estos hermanos llevaban a cabo el mismo programa, que consistía en lo siguiente: 1) compartir alabanzas al Señor por medio del canto; 2) predicar un sencillo tema espiritual especial para ellos, y 3) entregarles su esperado desayuno, que contenía gallo pinto, huevo, plátano y agua dulce. A los que estuvieran interesados, se les ofrecía internamiento gratuito en Hogares Crea, una institución sin ánimo de lucro para la rehabilitación y reinserción social de adictos.

Por medio de esta iniciativa de la iglesia de Ceneba fue como conocimos a Marta. Marta era alcohólica; según sus propias palabras, bebía cinco botellas de licor al día. Vivía en la calle, pues no tenía adónde ir. Tampoco comía; solo bebía. Ella se presentaba a desayunar los domingos, aunque se mostraba indiferente al llamado de Dios que se hacía a través de la predicación. De hecho, Marta se burlaba del contenido religioso de la iniciativa, y se negaba a la idea de participar en un programa de rehabilitación.

Pero eso fue al principio. Seis meses después de su primer contacto con esa iniciativa, Marta llegó un sábado a nuestra iglesia, sobria, limpia y con total lucidez. Desde entonces hasta hoy se ha venido reuniendo sábado a sábado con sus hermanos adventistas, y ya no es la misma Marta que conocimos. Jesús está haciendo grandes cosas por ella, y todo comenzó con una sencilla iniciativa de una sencilla iglesia.

Leemos en Gálatas 6:10: «Según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos» (RV60), sin discriminación, sin hacer acepción de personas, sin prejuicios, con amor. Porque hay mucha gente que necesita una mano; y tender esa mano es una manera sensible y delicada de llegar al corazón. Una vez contamos con la amistad y la confianza de una persona, podemos hablarle de nuestro maravilloso Salvador.

Por supuesto, es su decisión aceptarlo o no, pero nosotras sabemos cómo cambia la vida de una persona cuando es Cristo quien vive en ella. Es comenzar a vivir.

«Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?»

1 Juan 3:17, RV60