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No seas tonta

Matutinas para Mujeres 2020

Cuenta una historia que, en un pequeño pueblo remoto, había un hombre ateo al que todo el mundo conocía. Este hombre se pasaba el día burlándose de los cristianos y hablando mal de Dios. Una tarde, ese hombre entró a la relojería del pueblo y sus ojos se fijaron en un reloj de color negro y pulsera de cuero. Entonces se dirigió al relojero y le dijo:

-¿Es cierto que usted hace estos relojes?

A lo que el relojero, en tono burlesco, le respondió:

–No, yo no los hago, se hacen solos, como cuando los seres humanos se hicieron a sí mismos hace millones de años.

Aunque no sea nuestra misión en la vida poner en evidencia a las personas que no creen en Dios (ni mucho menos), sí es nuestra misión plantearnos como están nuestras propias creencias. Y para eso voy a tomar hoy como punto de referencia el texto de Salmo 14:1: «Dice el necio en su corazón: no hay Dios» (RV60).

En el Comentario bíblico adventista leemos algo muy interesante con respecto a este pasaje: «Por razones sociales o comerciales, el necio puede profesar creer en Dios, pero en su corazón” no cree» (t. 3, p. 668). Es decir, la necedad consiste en aparentar ser cristianas a la par que, interiormente, negamos la existencia de Dios y su poder en nuestras vidas. Como dice Romanos 1:21: «Habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido» (RV60).

En el original hebreo, la palabra que se lee donde en español leemos «necio» es nabal (¿te suena de un personaje de la Biblia que era realmente necio?). En este caso, nabal implica «carecer de sabiduría, no conocer los valores morales ni tener percepción espiritual; ser un individuo materialista que juzga los valores según su dimensión y poder» (ibíd.).

Interesante, ¿verdad? Ser necio es una combinación de no creer realmente en la existencia de Dios a pesar de tal vez ocultar esa realidad con nuestros hechos y nuestras palabras, pero también es carecer de percepción espiritual, de valores morales y vivir una vida materialista y superficial.

Señor, ayúdanos a no ser necias en ningún sentido de la palabra. Aumenta nuestra fe en ti y permítenos vivir de tal manera que lo demuestre y que no sea materialista ni superficial. Amén.

«Dice el necio en su corazón: no hay Dios»

Salmos 14:1, RV60