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El ayuno verdadero

¿No es acaso el ayuno compartir tu pan con el hambriento y dar refugio a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no dejar de lado a tus semejantes?

Isaías 58:7, NVI

Hacía mucho calor. Yo corría para no llegar tarde a una reunión, y acarreaba un bolso y una bolsita con sándwiches, papas fritas y un vaso grande de té helado recién comprado. En medio de esa corrida, recordé el libro que tenía para regalar dentro del bolso. Haciendo malabarismos, me las arreglé para sacarlo y, casi sin aire, le extendí el libro.

Por su aspecto, me di cuenta de que estaba bastante perdido y que probablemente no era la mejor idea, pero sí definitivamente la más arriesgada, acercarme tan espontáneamente a hablar con él. Me miró con desconfianza y al extenderle el libro, comencé con mi discursito de presentación en el que, entre otras cosas, le decía que ese libro me había ayudado mucho y quería regalárselo.

Me sorprendió un poco que lo rechazara tan fríamente. Intenté explicarle que era un regalo y que no tenía que pagarme nada, pero él no quitaba la vista de la bolsa de comida y, con una mirada y una frase que nunca voy a olvidar, me preguntó si tenía algo para comer o tomar. Hacía calor, estaba drogado y hambriento, ¡y yo quería darle un libro!

Jesús se acercaba a las personas buscando hacerles el bien. Satisfacía sus necesidades inmediatas porque conocía su condición (El ministerio de curación, p. 92).

No sé si alguna vez te pasó como a mí, que con buenas intenciones te saltaste pasos importantes, pero Dios nos vuelve a dar oportunidades para compartir su amor. No sé con quién nos vamos a encontrar hoy, pero ojalá sigamos el método de Jesús.

Te invito a leer todo el capítulo de Isaías 58, y a meditar en esta cita de Elena de White, en El ministerio de la bondad: “Con la labor de defender los mandamientos de Dios y reparar las brechas que se han hecho a la ley de Dios, debemos mezclar la compasión por la humanidad doliente.

Hemos de mostrar el supremo amor de Dios. Hemos de exaltar su monumento conmemorativo, el cual ha sido hollado por pies sacrílegos. Y con esto hemos de manifestar misericordia, benevolencia y la más tierna piedad por la raza caída. […] El amor revelado hacia la humanidad doliente da significado y poder a la verdad” (pp. 35, 36).

Carolina Ramos es oriunda de Entre Ríos, Argentina, y está terminando sus estudios para ser maestra de inglés, maestra de música y traductora. Disfruta de trabajar en los diferentes ministerios de la iglesia, especialmente con los niños y adolescentes. También le gusta viajar, acampar, estar en la naturaleza, leer, tocar el piano y el oboe, y cantar. Carolina procura siempre extraer lecciones de lo chiquito y de lo grande, ver al Dios de los milagros presente en cada ámbito de nuestra vida; y espera con ansias la Segunda Venida.