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Heraldo, apóstol y maestro

«Esta es la tercera vez que voy a vosotros. Por boca de dos o de tres testigos se decidirál todo asunto»

2 Corintios 13:1

EN 2 CORINTIOS 13 están los grandes consejos finales del apóstol a la iglesia de Corinto.

  1. Pablo promete ser firme con todos (vers. 2, 10).
  2. Cristo fue crucificado, pero, por el poder de Dios, resucitó y vive (vers. 3, 4).
  3. Nuestra fe requiere constante autoevaluación, para ver si permanecemos en Cristo (vers. 5).
  4. La verdad permanecerá, a pesar de sus opositores (vers. 8).
  5. Debemos orar y trabajar por el crecimiento espiritual de nuestros hermanos en la fe (vers. 9-10). 
  6. Es deber de todo hijo de Dios querer y procurar el bien de todos (vers. 11).
  7. La presencia de Dios con nosotros es la única manera de vivir en paz entre nosotros (vers. 11).

Como Pablo, hemos de trabajar siempre a favor del crecimiento de la iglesia, en una búsqueda constante de como ayudar al prójimo a desarrollarse, para honra y gloria de Dios. Para alcanzar este objetivo, el apóstol tiene la visión y la pasión de un profeta, la mente de un erudito, el corazón de un evangelista, la disciplina de un soldado, la devoción de un amigo y el fervor de un reformador.

Pablo predicador, apóstol y maestro de los gentiles, se presenta con los titulos de:

  •  Heraldo, porque su obligación es proclamar los mandatos del que representa.
  • Apóstol, porque ha sido llamado, establecido y enviado por Dios.
  • Maestro, porque tiene que enseñar a aquellos para quienes ha sido designado.

El apóstol entiende y vive la comisión de hacer discípulos, busca siempre cumplir con el propósito divino de hacer discipulos. Pablo no es un solitario evangelista, sino el comandante de una grande y creciente hueste de misioneros, por eso trabaja en la iglesia y por la iglesia.

Pablo entendió también que no solo él como apóstol, sino todos los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros son depositarios de dones que Dios dio a la iglesia, enviados con el propósito de equipar, entrenar y disciplinar a los creyentes para el crecimiento de la iglesia y el cumplimiento de la misión.

«Aprecian ustedes tan profundamente el sacrificio hecho en el Calvario que están dispuestos a subordinar todo otro interés a la obra de salvar almas? El mismo intenso anhelo de salvar a los pecadores que señaló la vida del Salvador se nota en la de un verdadero discipulo.

El cristiano no desea vivir para sí. Se deleita en consagrar al servicio del Maestro todo lo que posee y es. Lo impulsa un irresistible deseo de ganar almas para Cristo” (Maranata, el Señor viene, p. 99).

Bruno Raso es un líder de destacada trayectoria, que ha servido como pastor distrital, administrador, evangelista y orador del programa "Reavivados por su Palabra". Actualmente se desempeña como vicepresidente de la División Sudamericana.