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Milagros

«Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo»

Gálatas 4:1

EN EL CAPÍTULO 4 DE Gálatas Pablo presenta dos analogías: la del heredero y la de los dos hijos. El apóstol dice que, “cuando vino el cumplimiento del tiempo” (Gál. 4:4). Dios envió a Jesucristo para rescatarnos y darnos la salvación.

Cuando eso sucedió, el mundo estaba en paz, bajo un solo gobierno. Los viajes por tierra y por mar eran relativamente seguros y rápidos. Había una lengua universal: el griego. Y las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento estaban disponibles en griego.

Muchos estaban insatisfechos con sus creencias religiosas y ansiosos por conocer la verdad sobre la vida y el destino humanos. Los judíos se hallaban dispersos por todas partes, y a pesar de sus imperfecciones daban testimonio del verdadero Dios. De todas partes del mundo acudían a Jerusalén, y podrían llevar consigo, al regresar, la noticia de la venida del Mesías. La verdad es que Dios no podría haber escogido lugar ni tiempo más propicios para lanzar el mensaje del evangelio al mundo en aquel periodo y lugar de la historia.

El Señor nos rescata y adopta como sus hijos. Rescatar significa literalmente «comprar y redimir de la servidumbre o la esclavitud». Junto con la obra más importante de rescatar a los seres humanos del pecado, el cumplimiento por parte de Cristo de los tipos del sistema ceremonial también liberó a los judíos de la obligación adicional de ese sistema y de la maldición que recaía sobre todos los que buscaban la salvación por el cumplimiento de sus propios requisitos.

En la capital de una ciudad Sudamericana, cierta noche, mientras se efectuaban los servicios de recolección de residuos, ocurrió una historia impactante. El camión recolector tenia un compresor de la basura. Los servidores públicos iban caminando y corriendo junto al camión y recogiendo las bolsas de residuos. De pronto, cuando uno de ellos estaba a punto de arrojar una bolsa más, percibió tenues movimientos.

Abrió la bolsa y, alarmado, descubrió a una criatura de pocas semanas de vida. La locura de este mundo había cegado a alguien hasta el punto de haber dejado a aquella bebé al borde de la muerte. Felizmente, fue socorrida y llevada al hospital. Así, salvaron su vida, y fue adoptada por la misma persona que la rescato, quien le puso como nombre Milagros.

El diablo nos ha colocado a todos en este mundo oscuro de pecado, con el propósito de compactarnos y destruirnos. Pero en el cumplimiento de los tiempos, el recolector de nuestros pecados se transformó en el rescatador de nuestra vida y en el adoptador de nuestra existencia.

No hay milagro mayor ni compromiso de amor tan grande, que no sea vivir para Aquel que vino a darnos vida en abundancia.

Bruno Raso es un líder de destacada trayectoria, que ha servido como pastor distrital, administrador, evangelista y orador del programa "Reavivados por su Palabra". Actualmente se desempeña como vicepresidente de la División Sudamericana.