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¿Me amas?

“Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos”

Juan 21:15

Pedro, Tomás, Natanael, Santiago, Juan y dos discípulos más estaban a orillas del mar de Galilea. ¡Cuántos recuerdos se agolpaban en su mente! Jesús, que hasta hacía muy poco había vivido, caminado y obrado entre ellos, había muerto y resucitado.

De alguna forma habían vuelto al anonimato y al sedentarismo, y aunque aún llevaban consigo las enseñanzas de Jesús, estaban un poco desorientados.

¿Por qué será que volvemos a los lugares habituales cuando hay cosas que ya cambiaron para siempre?

No sabemos bien cómo se sentía Pedro ante todo lo sucedido, cómo estaba lidiando con su negación y los demás eventos. Quizás esos años transcurridos parecían una intensa nebulosa. ¿El mar le traería algo de solaz? No lo sabía. Lo cierto es que necesitaban ganarse el alimento y nuevas ropas. Por tanto, salieron a pescar en ese mar tan cargado de experiencias milagrosas con su mejor amigo.

Una vez más, no pescaron nada. Una vez más, Jesús los envió a pescar. Una vez más, la pesca fue abundante y milagrosa. Parecía un deja vu, pero no lo era. Ahora conocían a quien daba la orden.

Pedro lo había negado tres veces y Jesús le dio tres oportunidades para confirmar su amor por él, para confirmar su perdón, su nueva oportunidad y sobre todo su misión, que nada tenía que ver con las redes en el mar, sino con la pesca de hombres.

El hecho de que Jesús hubiera muerto no echaba por tierra la orden que les había encomendado al principio. Los había llamado a un propósito más grande y eso seguía en pie, más que nunca… especialmente para Pedro. “Aunque habían de quedar privados de su compañía personal y de los medios de sostén que les proporcionara su empleo anterior, el Salvador resucitado seguiría cuidando de ellos. Mientras estuviesen haciendo su obra, proveería a sus necesidades” (El Deseado de todas las gentes, p. 751). Dicha promesa es dada a nosotros hoy también.

Miles de años después, al comenzar un nuevo día, Jesús espera tener ese encuentro con nosotros como esa mañana en la arena, ese encuentro en que reivindiquemos nuestro amor por él, sin importar lo que haya pasado.

Ese día, Pedro salió a pescar y recordó su verdadera misión.

Hoy Jesús también te pregunta: “¿Me amas?” ¿Cómo lo demostrarás?

Carolina Ramos es oriunda de Entre Ríos, Argentina, y está terminando sus estudios para ser maestra de inglés, maestra de música y traductora. Disfruta de trabajar en los diferentes ministerios de la iglesia, especialmente con los niños y adolescentes. También le gusta viajar, acampar, estar en la naturaleza, leer, tocar el piano y el oboe, y cantar. Carolina procura siempre extraer lecciones de lo chiquito y de lo grande, ver al Dios de los milagros presente en cada ámbito de nuestra vida; y espera con ansias la Segunda Venida.