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Debilidades deleitantes

Devocional adventista para la mujer 2022

Es por esto que me deleito en mis debilidades, y en los insultos, en privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo. Pues, cuando soy débil, entonces soy fuerte.

2 Corintios 12: 10, NTV

Recientemente, tuve la oportunidad de entrevistar al psicólogo, escritor y presentador de radio Daniel Gottlieb. Dan se dedica a ayudar a las personas a superar eventos traumáticos, utilizando tanto su experiencia personal como profesional. En 1979, Dan sufrió un accidente de tránsito que lo dejó cuadripléjico. Esta experiencia, inicialmente traumática, lo llevó a cambiar completamente su modo de ver la vida. “Cuando me rompí el cuello, mi alma comenzó a respirar”, dijo él durante la entrevista.

Al relatar su accidente, Dan comentó: “Pasé la mayor parte de mi juventud temeroso de que si la gente descubría quién era realmente, huiría y me rechazaría. Pero tuve suerte, porque no tuve opción. Mi máscara y mi caparazón se estrellaron en pedazos y no tuve que quitármelas”. Con el tiempo, Dan descubrió que el terrible accidente que lo dejó parapléjico también le dio un extraño regalo: vulnerabilidad.

En la carta a los corintios, Pablo escribe que él también se “deleita en sus debilidades». ¿Por qué? Porque la vulnerabilidad le da la bienvenida a la gracia. «Cuando nos sentimos fuertes, no somos propensos a depender de la gracia y fortaleza de Dios”, escribe Marshall Segal en su artículo “His Delight Is Not in Your Strength”. “Pero cuando sentimos nuestra debilidad, experimentamos más plenamente la realidad (y nuestra tremenda y continua necesidad de él [Dios]). La agudeza de nuestras espinas revela las profundidades de su gracia y misericordia”. La razón para deleitarnos en nuestras debilidades es que nos impulsan a adentrarnos en la insondable gracia de Dios. Sin ellas, nos mantendríamos en la orilla, tratando de controlarlo todo.

Dios te invita a reconocer tu vulnerabilidad y a recibir su fortaleza. Dios se deleita, no en tu independencia y autosuficiencia, sino en tu conexión y completa dependencia de él.

Señor, aunque soy frágil como una vasija de barro, tú colocaste una luz, un gran tesoro en mi corazón. Tu luz en mi fragilidad, brillando a través de las rajaduras, le demuestra al mundo tu excelente poder e infinita gracia.

Vanesa Pizzuto es licenciada en Comunicación Social por la Universidad de La Matanza, Argentina, y tiene un máster en Educación por la Universidad de Hertfordshire, Inglaterra. Es la autora de la serie de cuentos bilingües Amancay, publicada por este mismo sello editorial, así como de numerosos artículos. Trabajó como docente y como presentadora de radio para Radio Adventista de Londres. De nacionalidad argentina, Vanesa vive en Inglaterra.