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Hay suficiente para todos

Devocional adventista para la mujer 2022

Que toda la gloria sea para Dios, quien puede lograr mucho más de lo que pudiéramos pedir o incluso imaginar mediante su gran poder, que actúa en nosotros.

Efesios 3: 20, NTV

Los jueves, en la compañía para la que trabajo, nuestro jefe trae bocadillos para compartir: galletitas dulces, frutas y barras de cereal. En cuanto escuchamos el anuncio por el altavoz: “Hay bocadillos en la cocina, pasen a servirse», todos salimos corriendo. Como si hubiéramos oído el disparo de una pistola que indica la largada, nos apuramos para llegar a tiempo. ¡Distraerse implica llegar a la cocina cuando solo quedan los envoltorios!

La Biblia cuenta que Jairo, el jefe de una sinagoga, se echó a los pies de Jesús y le rogó fervientemente que sanara a su hija (Mar. 5:21-40). Pero mientras iban de camino, una mujer se “coló», tocó el manto de Jesús y fue sanada. Me pregunto cómo se sintió Jairo con la demora. Después de todo, ¡él había llegado primero! Mientras Jesús todavía hablaba con la mujer, llegaron noticias de su casa: su hija había muerto. Ya no había razón para molestar al Maestro. A simple vista, parecía que el milagro de esta mujer le había costado la vida a su hija. Habían “desperdiciado” el tiempo. ¡La mujer se había llevado el último bocadillo!

A veces es difícil alegrarse por las bendiciones de los demás. Ves a tu exnovio casarse con otra mujer y tú sigues soltera; o no logras quedar embarazada y a tu alrededor todas parecen estar en la dulce espera. Otra obtiene esa promoción que tú tanto querías… El pecado nos lleva a adoptar una mentalidad de escasez. Vemos al éxito y las bendiciones como recursos limitados e individuales, pero no lo son.

La ganancia de otros nunca es nuestra pérdida. Jesús se detuvo para ayudar a la mujer, pero tenía suficiente poder y bendiciones para Jairo también. En el Reino de Dios, cuando los demás ganan, tú ganas. Hay suficiente para todos. Jesús le dijo a Jairo: “No temas, solo cree”. La demora se transformó en bendición. Jairo presenció un milagro aun mayor cuando Jesús resucitó a su hija.

Cuando nos sintamos tentadas a envidiar las bendiciones ajenas, recordemos que ningún don es de uso personal. Por eso, cuando las demás ganan, tú ganas. No temas, solo cree.

Señor, ayúdame a recordar que tus bendiciones son inagotables. Que tu Reino venga a mi mente, para que viva en la abundancia de tu presencia, y no en la escasez de la envidia. Quiero alegrarme por el éxito de los demás. No quiero permitir que crezcan raíces de amargura y comparación en mi corazón. Hoy quiero creer, no temer.

Vanesa Pizzuto es licenciada en Comunicación Social por la Universidad de La Matanza, Argentina, y tiene un máster en Educación por la Universidad de Hertfordshire, Inglaterra. Es la autora de la serie de cuentos bilingües Amancay, publicada por este mismo sello editorial, así como de numerosos artículos. Trabajó como docente y como presentadora de radio para Radio Adventista de Londres. De nacionalidad argentina, Vanesa vive en Inglaterra.