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Napoleón Exiliado

Devocional adventista para adoslescentes 2022

Su Majestad vio mezclados el hierro y el barro, dos elementos que no pueden fundirse entre sí. De igual manera, el pueblo será una mezcla que no podrá mantenerse unida.

Daniel 2: 43, NVI

Napoleón fue un personaje interesante. Los historiadores coinciden en que fue uno de los mayores líderes militares de la historia. Desafortunadamente, desarrolló una reputación de ser hambriento de poder e inseguro, lo que obviamente le generó un complejo. Los psicólogos afirman que cuando la gente se siente insegura, intenta compensar esa inseguridad aparentando ser importante de otras maneras, como por ejemplo consiguiendo un gran auto, asegurando un trabajo de ejecutivo de alto nivel o teniendo muchos amigos y mucho dinero. Napoleón intentó compensar su complejo gobernando el mundo. Esa sí que es una buena forma de compensar. Como genio militar se propuso gobernar Europa, pero se le escapó un detalle muy importante: Dios y su Palabra.

De todos modos, Napoleón lo intentó. Después de luchar en la Revolución Francesa, se convirtió en un alto cargo militar en 1799. En 1804 se convirtió en emperador de Francia y en 1810 ya gobernaba gran parte de Europa. Durante años luchó contra los ingleses, los alemanes y los rusos. Cuando empezó a perder batallas, la marea se volvió en su contra y finalmente tuvo que admitir la derrota. Como resultado, Napoleón tuvo que renunciar a su trono. Como castigo por sus crímenes de guerra, los enemigos de Napoleón lo obligaron a exiliarse en la isla mediterránea de Elba. ¿La fecha? El 11 de abril de 1814. Un año más tarde escapó de la isla y consiguió librar al menos una batalla decisiva más en Waterloo. Esta vez, al perder, fue exiliado de nuevo, y murió solo seis años después, a la edad de cincuenta y dos años.

El sueño de Napoleón de dominar el mundo estaba condenado al fracaso porque no tuvo en cuenta a Dios. En los libros bíblicos de profecía Dios había dicho que después de Roma no habría más imperios mundiales. Las naciones modernas se mezclarían, pero nunca se fusionarían completamente en un imperio mundial, de la misma manera que el hierro no puede mezclarse con la arcilla. Hoy parece que las Naciones Unidas quieren establecer un gobierno mundial que regule la industria, dirija los bancos y proteja el medio ambiente, pero Dios nos recuerda en las palabras de Daniel que las naciones de nuestro mundo nunca más estarán unidas bajo un solo gobierno. Eso es lo que dice Dios, ¡y nunca se ha demostrado que esté equivocado!

Bradley Booth ha enseñado en escuelas adventistas de los Estados Unidos, África, Rusia y Tailandia. Actualmente es el director de The Story Tellers Ministry, que ayuda a enseñar el arte de escribir historias antiguas que siguen siendo importantes hoy. La oración del Dr. Booth es que sus libros inspiren a los lectores a mantenerse de parte de Jesús tanto en los buenos como en los malos tiempos.