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Terremoto Seguido de Incendio

Devocional adventista para adoslescentes 2022

Después del viento hubo un terremoto, pero el Señor tampoco estaba en el terremoto. Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Y después del fuego vino un suave murmullo.

1 Reyes 19: 11, 12, NVI

Son poco más de las 5:00 de la mañana y estás acurrucado en tu cama cuando sientes que esta empieza a moverse. Abres los ojos y esperas ver a tu hermano pequeño agarrado al marco de la cama, con una sonrisa de oreja a oreja. Pero no está ahí. En cambio, lo oyes llorar en la habitación de al lado. Saltas de la cama e inmediatamente eres arrojado contra la estantería, mientras toda la habitación se mueve de un lado a otro. Entras a trompicones en la habitación de tu hermano, donde los cuadros caen al suelo y los juguetes se deslizan por las estanterías; lo sacas de la cama y te quedas con él en la puerta de su habitación, esperando a que el aterrador movimiento se detenga.

Cuando el movimiento finalmente se detuvo en la madrugada del 18 de abril de 1906, 500 manzanas del centro de San Francisco estaban arrasadas. Los edificios se habían derrumbado, los escombros cubrían las calles y las tuberías de gas se habían roto. El temblor, que tuvo una magnitud de 7.7 a 7.9, causó daños por un valor de 400 millones de dólares (8,200 millones de dólares en la moneda actual). Y lo que es más importante: los cálculos modernos estiman que unas 3,000 personas fallecieron y 225,000 se quedaron sin hogar.

San Francisco se encuentra al norte de la falla de San Andrés, donde confluyen las placas subterráneas del Pacífico y de Norteamérica. La tierra en el lado del Océano Pacífico de la falla comenzó a moverse hacia el norte, en algunos lugares hasta 6.5 metros, y eso causó el terrible terremoto. La ciudad de San Francisco todavía se tambaleaba por la horrible pérdida de vidas y la trágica destrucción generalizada, cuando el peor desastre natural del país fue inmediatamente seguido por una fuerza destructiva aún mayor: un incendio arrasó los restos destrozados. Posiblemente con la ayuda de algunos cuyas pólizas de seguro cubrían los incendios, pero no los terremotos, las llamas asolaron la ciudad de humeante destrucción durante cuatro días.

¿Qué causó realmente el terremoto y el incendio? Algunos quieren hacer creer que Dios estuvo detrás de ambos; después de todo, muchos se refieren a los de sastres naturales como «actos de Dios». El texto de hoy dice que Dios no estaba en el terremoto que sacudió la tierra alrededor de Elías, ni tampoco en el fuego. Aunque Dios tiene la capacidad de desatar fuegos que sacuden la tierra, su corazón no está en ellos. El corazón de Dios está en el suave susurro de su característica más poderosa: el amor.

Bradley Booth ha enseñado en escuelas adventistas de los Estados Unidos, África, Rusia y Tailandia. Actualmente es el director de The Story Tellers Ministry, que ayuda a enseñar el arte de escribir historias antiguas que siguen siendo importantes hoy. La oración del Dr. Booth es que sus libros inspiren a los lectores a mantenerse de parte de Jesús tanto en los buenos como en los malos tiempos.