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Una vez al día

Devocional adventista para la mujer 2022

Cuando vayas camino al juicio con tu adversario, resuelvan rápidamente las diferencias. De no ser así, el que te acusa podría entregarte al juez, quien te entregará a un oficial y te meterán en la cárcel.

Mateo 5: 25, NTV

El teólogo estadounidense Richard Rohr dice que hace años ora para ser humillado o una vez por día. Cuando sus libros y sus sermones lo volvieron famoso, Richard se dio cuenta de que su orgullo estaba creciendo, alimentado por los aplausos. Entonces, comenzó a orar para recibir una humillación por día, como una amarga medicina contra su orgullo. Richard no solo ora por esto, sino también por la capacidad de reaccionar correctamente ante esta humillación. Él admite que su reacción inicial al recibir correos electrónicos críticos o comentarios hirientes es defender su postura. Aunque, si reflexiona al respecto con mansedumbre, puede notar que hay un poco de verdad en la mayoría de los comentarios y puede aprender de ellos.

Richard Rohr cree que aceptar estas humillaciones diarias constituye una manera de amigarse con el adversario camino al juicio; una forma de aplicar las enseñanzas de Jesús. En Falling Upward (Caída ascendente), dice: “Si no te alimentas de estas humillaciones regularmente y no te amigas con los jueces, con el jurado y con los oficiales de la corte (es decir, todos los que te revelan y convencen acerca de tus faltas encubiertas), […] permanecerás para siempre en la primera mitad de la vida”. En otras palabras, permanecerás presa de tu orgullo hasta que «hayas pagado el último centavo” (Mat. 5:26, NTV).

Si prestamos atención, encontraremos oportunidades diarias para humillarnos ante Dios. Si reaccionamos exageradamente ante un comentario o nos ofendemos con demasiada facilidad, posiblemente alguien haya detonado la mina antipersonal del orgullo en nuestro corazón. En Testimonios para la iglesia, tomo 4, Elena de White refiere que debemos hacer nuestra parte para vencer al orgullo: “Su tarea es humillarse a sí mismo y no esperar que Dios lo humille. A veces, la mano de Dios puede ser dura cuando humilla a los hombres y los pone en una posición correcta ante él. Mejor sería mantener el corazón humillado día a día ante Dios” (p. 372). Día a día, tomemos una amarga dosis de humildad y aceptemos las incómodas oportunidades que se nos presentan para crecer y humillarnos.

Señor, ayúdame o aceptar las oportunidades que me das hoy para humillarme. Quiero aprender a reconciliarme con los jueces y el jurado camino al juicio. Quiero entender el rol que aquellos que me critican pueden tener en mi crecimiento como persona. Dame tu fortaleza para aceptar las humillaciones de hoy como una oportunidad para parecerme más a ti.

Vanesa Pizzuto es licenciada en Comunicación Social por la Universidad de La Matanza, Argentina, y tiene un máster en Educación por la Universidad de Hertfordshire, Inglaterra. Es la autora de la serie de cuentos bilingües Amancay, publicada por este mismo sello editorial, así como de numerosos artículos. Trabajó como docente y como presentadora de radio para Radio Adventista de Londres. De nacionalidad argentina, Vanesa vive en Inglaterra.