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Luchando con Dios

Devocional adventista para la mujer 2022

Entonces Jacob se quedó solo en el campamento, y llegó un hombre y luchó con él hasta el amanecer.

Génesis 32: 24, NTV

Tal vez Jacob creyó que sus peores miedos se habían vuelto realidad. Aquella noche, antes de cruzar el río Jordán, es probable que Jacob pensara que el hombre con quien luchaba era su hermano, Esaú. ¡Ellos no se habían visto por años! En la oscuridad y en el temor de la noche, Jacob no entendía con quién peleaba en realidad. Él estaba acostumbrado a manipular las situaciones y a salirse con la suya, usando su astucia. Jacob sabía cómo depender de sí mismo y cómo lograr lo que deseaba a cualquier costo. Habituado a vivir así, Jacob luchó con todas sus fuerzas contra aquel hombre hasta el amanecer. Entonces, mientras rayaba el alba, el visitante reveló su verdadera naturaleza y la de la lucha. Jacob estaba, tal como Pablo, peleando con Dios (Hech. 26:14). Entonces, extendiendo su mano, Dios tocó la cadera de Jacob y esta se dislocó.

Pero ¿por qué lucharon toda la noche? Dios podría haber ganado esa pelea en tres segundos. Llegaba, tocaba la cadera de Jacob, y simplemente declaraba knock out. Sin embargo, Jesús eligió luchar con él toda la noche (limitando sus fuerzas, para que Jacob pudiera hacerle frente). ¿Para qué? Tal vez fue para que Jacob estuviese lo suficientemente cansado como para admitir su derrota espiritual. En Spurgeon’s Verse Expositions of the Bible [Exposiciones de Spurgeon sobre versículos de la Biblia], el famoso predicador inglés Charles Spurgeon comenta: “Jacob pensó que el verdadero enemigo estaba fuera de él, que era Esaú. El verdadero enemigo era su propia naturaleza carnal, que no había sido conquistada por Dios”. Exhausto, Jacob finalmente admite que no puede solo y que necesita ayuda. Aferrándose al Visitante, dice: “No te dejaré ir a menos que me bendigas” (Gen. 32:26, NTV). En ese momento de debilidad y necesidad absoluta, Jacob alcanzó su mayor victoria.

Hay una batalla que se libra en nuestros corazones. En el camino a Cristo, Elena de White la describe con estas palabras: “La guerra contra nosotros mismos es la batalla más grande que jamás se haya reñido. El rendirse a sí mismo, entregando todo a la voluntad de Dios, requiere una lucha; mas para que el alma sea renovada en santidad, debe someterse antes a Dios” (p. 43). Por más extraño y doloroso que parezca, Dios nos bendice al tocar la coyuntura y revela la naturaleza espiritual de la pelea.

Señor, te ruego que agotes las fuerzas y los recursos que uso para luchar contra ti. No quiero perder un día más dando coces contra el aguijón. Necesito tu ayuda a cada momento. Bendíceme; sin ti no puedo continuar.

Vanesa Pizzuto es licenciada en Comunicación Social por la Universidad de La Matanza, Argentina, y tiene un máster en Educación por la Universidad de Hertfordshire, Inglaterra. Es la autora de la serie de cuentos bilingües Amancay, publicada por este mismo sello editorial, así como de numerosos artículos. Trabajó como docente y como presentadora de radio para Radio Adventista de Londres. De nacionalidad argentina, Vanesa vive en Inglaterra.