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Cuando soy débil, entonces soy fuerte

Devocional adventista para la mujer 2022

Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados.

Isaías 53: 5, NVI

Gracias a sus heridas fuimos sanadas. Este principio también se aplica a nuestras vidas y a nuestro pasado. Dios puede usar nuestras heridas como avenidas para sanar a otros.

El regalo más precioso que podemos darle al mundo no son nuestros talentos, sino nuestras debilidades. Paradójicamente, nuestro servicio más efectivo no fluye desde nuestras fortalezas, sino desde nuestras lágrimas (1 Cor. 1:25-29). No es que Dios no pueda usar nuestros talentos, por supuesto que los usa. Pero allí donde lloramos y sangramos, el suelo del alma se riega, se ablanda y se vuelve más fértil.

Las heridas que escondemos y negamos se infectan y contaminan nuestro ministerio con motivaciones egoístas. Pero las heridas que aceptamos y entregamos a Jesús son transformadas. Exactamente allí donde la vida te lastimó, puede fluir un río de sanidad para otros. La misma hedionda basura del pasado que tú intentas ocultar, es la que Dios quiere transformar en fertilizante. Donde está tu cruz, allí está tu ministerio.

Conozco una mujer que fue abusada por su padrastro y hoy se dedica a rescatar víctimas y enseñarles acerca del perdón. Otra mujer, que nunca se sintió amada por sus padres, hoy ha rescatado a más de treinta huérfanos de las calles de la India. Conozco a una mujer, con una madre ausente emocionalmente, que me mostró cómo entender y comunicar mis emociones.

Todas estas mujeres trajeron a los pies de Jesús una costosa ofrenda: su autenticidad. Trajeron sus heridas, con valor y humildad. Trajeron cenizas, sueños rotos y lágrimas. Jesús, tomando esta ofrenda de panes y peces emocionales, alimentó a una multitud. ¡Nunca dudes en traer tus heridas a Jesús! Nuestras cicatrices no nos descalifican para servir a otros. Son credenciales del poder sanador de Dios.

Jesús, por favor, dame la valentía emocional para ser auténtica contigo, conmigo misma y con los demás. Te entrego todo lo que soy y lo que tengo, incluido mi pasado y mis heridas. ¡Creo que puedes sanarme! Creo que puedes convertir mis heridas en avenidas para servir a los demás.

Vanesa Pizzuto es licenciada en Comunicación Social por la Universidad de La Matanza, Argentina, y tiene un máster en Educación por la Universidad de Hertfordshire, Inglaterra. Es la autora de la serie de cuentos bilingües Amancay, publicada por este mismo sello editorial, así como de numerosos artículos. Trabajó como docente y como presentadora de radio para Radio Adventista de Londres. De nacionalidad argentina, Vanesa vive en Inglaterra.