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La Mujer Maravilla

Devocional adventista para adoslescentes 2022

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

Filipenses 4: 13, R195

La vida sería difícil si no pudieras ver. No podrías ver la televisión. No tendrías la oportunidad de estar en el equipo de gimnasia de la escuela o en una clase de infografía. No podrías ir a un estadio de fútbol para ver un partido. ¿Y si tampoco pudieras oír? La mayoría de las actividades escolares o extraescolares también quedarían descartadas. Hay personas que han vivido esa vida. Helen Keller fue una de ellas. Aunque fue ciega v sorda casi toda su vida, se en una de las mujeres más famosas de la historia de los Estados Unidos. Cuando llegó a la edad adulta ya era una celebridad. Se la conoce por muchas cosas que podía hacer, pero es lo que no podía hacer lo que la convirtió en una leyenda.

Nació un día como hoy en 1880, siendo una niña normal, pero antes de cumplir los dos años le dio una fiebre muy alta y perdió la vista y la audición. Como no podía ver ni oír, tampoco pudo aprender a hablar. Hasta que conoció a Alexander Graham Bell. Además de su interés por inventar cosas (pensemos en el teléfono), el señor Bell estudió la forma de enseñar a hablar a los sordos.

Helen tenía seis años cuando el señor Bell consiguió que Annie Sullivan, una mujer parcialmente ciega, fuera a vivir con ella. Annie había asistido a una escuela especial donde aprendió a utilizar el lenguaje de señas para enseñar a los alumnos ciegos y sordos a comunicarse. Como Helen no podía ver ni oír, era una niña muy frustrada; pero finalmente aprendió a confiar en Annie. En poco tiempo, Helen aprendió a deletrear su primera palabra, «agua», al sentir el agua fría correr sobre su mano mientras la señorita Sullivan deletreaba la palabra en su otra mano utilizando el lenguaje de señas. Helen fue a varias escuelas de Boston y Nueva York, y aprendió a hablar y a leer poniendo los dedos en los labios y la garganta de su maestra. Más tarde fue a la universidad e incluso escribió varios libros. Se convirtió en una famosa oradora y viajó por todo el mundo. En una ocasión escribió: «Rara vez pienso en mis limitaciones, y nunca me entristecen».

Se nos ha prometido que con la ayuda de Dios podemos lograr cualquier cosa que nos propongamos. Como Helen, nunca debemos dejar que las malas experiencias nos impidan ser felices y tener éxito en la vida. Si le damos a Jesús la oportunidad de ayudarnos, podemos convertir nuestros problemas en peldaños para nuestro futuro.

Bradley Booth ha enseñado en escuelas adventistas de los Estados Unidos, África, Rusia y Tailandia. Actualmente es el director de The Story Tellers Ministry, que ayuda a enseñar el arte de escribir historias antiguas que siguen siendo importantes hoy. La oración del Dr. Booth es que sus libros inspiren a los lectores a mantenerse de parte de Jesús tanto en los buenos como en los malos tiempos.