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El Nuevo Mundo, Apartado

Devocional adventista para adoslescentes 2022

Se apareció Jehová a Abram, y le dijo: «A tu descendencia daré esta tierra»

Génesis 12: 7, RV95

En 1492, Cristóbal Colón navegó por el océano azul. Partió el 3 de agosto, en busca de una ruta comercial más corta hacia las Indias, en el Oriente, donde se producían numerosas especias. Llevaba una flota de tres barcos: la Niña, la Pinta y la Santa María, patrocinados por los reyes Fernando e Isabel de Castilla. Dos meses y nueve días después, el 12 de octubre, avistó tierra, desembarco y reclamó el lugar para España. Llamó «indios» a los habitantes de aquel lugar, porque pensó que había llegado a las Indias.

Colón, como la mayoría de la gente de aquella época, no tenía ni idea de lo grande que es el mundo. Al navegar, cuando vio Cuba, pensó que era la China continental. En realidad, China estaba a 13,729 kilómetros (8,531 millas) de distancia. Colón creyó que La Española (los actuales República Dominicana y Haití) podría ser Japón. Plantó allí la bandera de la Corona de Castilla, fundó una pequeña colonia con treinta y nueve navegantes y regresó a España con oro, especias y cautivos indios. Recibió una bienvenida real y los más altos honores que la corte española podía ofrecer. No porque hubiera descubierto un nuevo mundo (pues no sabían que lo había hecho), sino porque pensaron que había descubierto una nueva ruta comercial hacia las Indias Orientales. No tenían idea de que Colón había descubierto las Américas.

Esa es la ironía del asunto. Nadie sabía lo verdaderamente asombroso de su descubrimiento. Había redescubierto el hemisferio occidental, y eso cambiaría la historia del mundo. ¡Qué privilegio! ¡Qué oportunidad! Estaba totalmente equivocado sobre el lugar del planeta en el que se encontraba, pero tenía mucha razón al descubrirlo. Lamentablemente, nunca se benefició de su gran descubrimiento. Murió en 1506, sin saber que había encontrado un nuevo hemisferio, que probablemente no había sido visitado por los europeos desde la época de los vikingos, casi quinientos años antes.

Hace miles de años, Dios envió a Abraham en busca de un nuevo país, y al igual que Colón, Abraham no tenía idea de adónde iba. Pero por fe fue de todos modos. ¿Por qué no ser como Abraham? Si le pides a Dios que te acompañe, no puedes equivocarte.

Bradley Booth ha enseñado en escuelas adventistas de los Estados Unidos, África, Rusia y Tailandia. Actualmente es el director de The Story Tellers Ministry, que ayuda a enseñar el arte de escribir historias antiguas que siguen siendo importantes hoy. La oración del Dr. Booth es que sus libros inspiren a los lectores a mantenerse de parte de Jesús tanto en los buenos como en los malos tiempos.