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El Huracán Katrina

Devocional adventista para adoslescentes 2022

Oh Señor, tú eres una torre de refugio para los pobres, una torre de refugio para los necesitados en su angustia. Eres refugio de la tempestad.

Isaías 25: 4, NTV

El 29 de agosto de 2005, el huracán Katrina azotó la costa del Golfo de México, causando miles de millones de dólares en daños. La tormenta provocó 36 tornados en Misisipi, Alabama, Georgia, Pensilvania y Virginia. El huracán Katrina fue una tormenta de categoría 4 y el peor desastre natural de la historia de los Estados Unidos.

El alcalde de Nueva Orleans había ordenado la evacuación de la ciudad el día anterior, pero más de 150,000 personas se quedaron. Algunos simplemente no querían irse, pero muchos no tenían ni el dinero ni el transporte para ir a otro lugar.

Los furiosos vientos alcanzaron los 280 kilómetros por hora (174 millas por hora). Cortaron líneas eléctricas, destruyeron casas y convirtieron los autos en misiles. Antes de que terminara, el 80% de Nueva Orleans estaba inundada hasta los tejados. Miles de personas se refugiaron en el Centro de Convenciones de Nueva Orleans y en el Superdome.

La situación se descontroló cuando se agotaron los alimentos y el agua. Se necesitaron dos días completos para que comenzara un programa de ayuda a gran escala. Hubo reportes de saqueos y asesinatos, pero la policía también había huido de la ciudad. Las autoridades empezaron a señalarse unos a otros. Todos culpaban a los demás. Finalmente, llegaron convoyes militares con suministros, y la Guardia Nacional para restablecer la paz. Había que identificar los cadáveres y reparar los diques de tierras bajas.

Se calcula que el huracán causó más de 1,300 muertes y hasta 150,000 millones de dólares en daños. Solo unos 40,000 millones de dólares de esa cifra fueron pagados por los seguros. A causa de la catástrofe, 400,000 trabajadores perdieron sus empleos y un millón de personas tuvieron que abandonar sus hogares. Afortunadamente, la ayuda internacional llegó de todo el mundo, y ciudadanos estadounidenses donaron 600 millones de dólares.

Fueron tiempos difíciles para todos. Lamentablemente, el resto de los Estados Unidos tardó demasiado en acudir en ayuda de las víctimas del Katrina. Dios estuvo con los que sufrieron el huracán y sus consecuencias, y si no hubiera sido por esto, muchas más personas se habrían rendido a la desesperación. A veces es importante que Dios tenga un rostro y unas manos humanas. Piensa en ello la próxima vez que una catástrofe nos afecte de cerca.

Bradley Booth ha enseñado en escuelas adventistas de los Estados Unidos, África, Rusia y Tailandia. Actualmente es el director de The Story Tellers Ministry, que ayuda a enseñar el arte de escribir historias antiguas que siguen siendo importantes hoy. La oración del Dr. Booth es que sus libros inspiren a los lectores a mantenerse de parte de Jesús tanto en los buenos como en los malos tiempos.