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El Lamento de Nathan Hale

Devocional adventista para adoslescentes 2022

Nadie puede quitarme la vida, sino que yo la entrego voluntariamente en sacrificio. Pues tengo la autoridad para entregarla cuando quiera y también para volver a tomarla. Esto es lo que ordenó mi Padre.

Juan 10: 18, NTV

¿Te has preguntado alguna vez cómo sería ser un espía? Creo que el espionaje tiene malas connotaciones para los cristianos. ¿Es posible espiar sin vivir una mentira? Pensamos en el espionaje y en todo lo que esa palabra significa. Los espías pueden terminar matando, o proporcionando pruebas que conducen a la muerte de alguien. Desde luego, no es el papel glamuroso que las películas presentan. Si espías para tu país, se te considera un héroe; si espías para el otro bando, ¡eres un traidor!

A lo largo de la historia de los Estados Unidos ha habido muchos espías, y el capitán Nathan Hale fue uno de ellos. En este día de 1776, el general George Washington pidió un voluntario para una misión extremadamente peligrosa: espiar para el Ejército Continental en preparación para la próxima batalla. Nathan hizo lo que haría cualquier soldado valiente durante la Guerra de Independencia: se ofreció como voluntario para el cometido, y se convirtió en uno de los primeros espías estadounidenses en operar tras las líneas enemigas británicas. Disfrazado de maestro de escuela holandés, consiguió reunir información sobre cuándo y dónde iban a ir las tropas británicas. Desgraciadamente, Hale fue capturado mientras intentaba cruzar de nuevo al territorio controlado por los estadounidenses. Cuando los oficiales británicos encontraron pruebas incriminatorias en él, supieron que era un espía y lo ejecutaron.

Hoy en día, Nathan Hale sigue siendo un héroe nacional porque estuvo dispuesto a dar su vida para que Estados Unidos pudiera liberarse del dominio británico. Luchó y murió por su país, para que pudiera haber libertad de reunión, libertad de expresión y libertad para adorar a Dios. Se dice que antes de su muerte les dijo a sus captores: «Lamento solo tener una vida que dar por mi país».

Hace mucho tiempo, Jesús vino a este mundo en una misión de misericordia. No era un espía, pero sabía que moriría por los errores que otros habían cometido. Para cumplir su misión, tendría que morir por los pecados de cada persona que haya vivido alguna vez. Sus famosas palabras aún resuenan con fuerza y claridad, casi dos mil años después. «Nadie puede quitarme la vida, sino que yo la entrego voluntariamente».

Bradley Booth ha enseñado en escuelas adventistas de los Estados Unidos, África, Rusia y Tailandia. Actualmente es el director de The Story Tellers Ministry, que ayuda a enseñar el arte de escribir historias antiguas que siguen siendo importantes hoy. La oración del Dr. Booth es que sus libros inspiren a los lectores a mantenerse de parte de Jesús tanto en los buenos como en los malos tiempos.