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El Dios que sabe consolar

Devocional adventista para adultos 2022

Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones.

2 Corintios 1: 3-4, NVI

¿QUÉ CHASCO PRODUJO MAYOR SUFRIMIENTO: el de los discípulos cuando Cristo fue crucificado, o el de los pioneros de nuestra iglesia cuando en vano esperaron la segunda venida de Jesús en octubre de 1844?

Fue mayor el chasco de los primeros discípulos, como lo indica la siguiente declaración de Primeros escritos: «Vi que el chasco de aquellos que creían en la venida del Señor en 1844 no igualaba al que sufrieron los primeros discípulos» (cap. 56, p. 295).

¿Qué hizo nuestro compasivo Padre celestial para consolar a sus atribulados discípulos? Lo primero, comisionar a sus ángeles. Recordemos que fueron ángeles los que avisaron a los discípulos que Jesús había resucitado, y que iba delante de ellos a Galilea (ver Luc. 24: 4-6; Mar. 16:7).

Lo segundo, dirigir su atención a la segura palabra profética. ¿Recordamos las palabras de Jesús a los discípulos que iban camino a Emaús? « ¡Insensatos y tardos de corazón —les dijo- para creer todo lo que los profetas han dicho! […]. Y comenzando desde Moisés y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían» (Luc. 24: 25, 27).

¿Y qué hizo Dios por sus hijos después del chasco de 1844? Al igual que en la experiencia de los primeros discípulos, los ángeles también tuvieron una participación muy activa, según la siguiente declaración de Primeros escritos: «Vi que Jesús consideraba con la más profunda compasión a los que se habían chasqueado después de haber esperado su venida; y envió ángeles para que guiaran sus pensamientos de modo que pudieran seguirlo adonde estaba. Les mostró que esta tierra no es el santuario, sino que él debía entrar en el lugar santísimo del santuario celestial para hacer expiación por su pueblo» (p. 294).

Lo más interesante es saber del papel que desempeñó el don de profecía. En diciembre de 1844 el Espíritu de Dios se manifestó poderosamente en medio de una reunión de oración que cinco mujeres celebraban en el hogar de Elizabeth Haines. Mientras Elena Harmon oraba, descendió sobre ella el poder de lo alto «como nunca antes»: «Quedé arrobada en una visión de la gloria de Dios

—escribió ella—. Parecía estar elevándome cada vez más sobre la tierra, y se me mostró un aspecto de la peregrinación del pueblo adventista hacia la santa ciudad» (ibíd., cap. 1, p. 37).

Dieciocho siglos transcurrieron entre un chasco y el otro, pero tanto en el primero como en el postrero Dios estuvo muy cerca de sus hijos. Por medio de sus ángeles y, especialmente, por la segura palabra profética, mostró una vez más que de verdad él sabe consolar.

Padre celestial, gracias porque en mis tribulaciones tus ángeles están muy cerca de mí, y porque tu Palabra es lámpara que alumbra mi camino.

Fernando Zabala, ya jubilado, ha servido como profesor, pastor, rector universitario, conferencista, editor y exdirector de la revista "Prioridades", además de ser el autor de varios libros, entre los que se destacan "Todo no da igual, A pesar de nuestras diferencias, me casaría de nuevo contigo y Saber vivir". Fernando Zabala está casado con Esther y juntos tienen dos hijos: Fernando Jr. y Mayerling; y tres nietas: Alexa, Amber y Annabella.